ACENOLOGÍA| Enólogos, enófilos y otros homínidos
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EDITORIAL  

Un triple reto para la enología

Jaume Estruch

Hay mucho trabajo por hacer más allá de la bodega. Porque está claro que la voz del enólogo no llega con la suficiente claridad a prescriptores y consumidores. Tampoco a las Administraciones, como estamos constatando con demasiada frecuencia.

Estas nuevas tareas, algunas de las cuales empiezan a asomar en los congresos científicos y encuentros profesionales, tienen relación con la mejora de las habilidades personales. Se trata de un territorio apasionante, pero cuya amplitud y complejidad no es comparable al ingente trabajo que se nos viene encima en la viña y la bodega.

En los artículos de esta actualización de ACENOLOGIA hay un claro ejemplo: la genética, una disciplina poco explorada y apenas aplicada que seguirá formando parte del «tabú de ignorancia» hasta que no se incorpore a las competencias del enólogo con la naturalidad que reclama un conocimiento que ha sido, es y será esencial para la vitivinicultura.

Pero los retos no acaban con las habilidades y la ciencia: la capacidad de innovar es la aptitud que completará la imagen del enólogo del siglo XXI. Porque no solamente es quien crea y transmite la personalidad al vino, también es quien innova, recrea y reinventa continuamente en un oficio que, de puro antiguo, ya se ha convertido en la máxima expresión de la modernidad.
 


[26.4.17]