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Entre las
características que definen la calidad en general de los vinos, el color
constituye un factor determinante. Sensorialmente es el primer atributo
observado en la degustación. A través del mismo y en sus aspectos de intensidad
y tonalidad, recibimos información de los posibles defectos y virtudes, de su
cuerpo, de su edad y de su evolución en el tiempo; contribuyendo todo ello a
decidir sobre la aceptación o rechazo de los mismos. Pero el color de los
vinos, como el de cualquier otro alimento, es una consecuencia de los factores
que concurren en su proceso de elaboración.
En el caso de
los vinos acogidos a la denominación de origen Rioja (DOC Rioja), los factores
climáticos y edafológicos de las distintas zonas de producción, las variedades
de uvas empleadas para la elaboración de sus vinos, la singularidad de los
procesos de vinificación utilizados, permiten y dan lugar a una amplia y personalísima
variedad de tonalidades y matices en sus vinos. Se estudian analítica y
sensorialmente muestras de vino tinto procedentes de la DOC Rioja, utilizando
para ello la metodología propuesta por A.P. Ortega et al.
["Contribución al estado del color de los vinos españoles", Vitivinicultura
1993: 11-12, 1994: 3-6].
Toma de muestras
Las 800 muestras
de este estudio proceden de la segunda fase del Programa de control de calidad
de la DOC, todas ellas listas para su comercialización y tomadas por técnicos
del propio Consejo
Regulador de la Denominación de Origen Rioja en las bodegas de las
diversas subzonas de producción: Rioja alta, Rioja baja y Rioja alavesa. Estas
muestras, debidamente etiquetadas, proceden de vinos jóvenes, vinos de crianza,
vinos de reserva y vinos de gran reserva de distintas añadas (93, 92, 91, 90,
89, 88, 87, 86, 85, 83, 82, 81, 80, 76, 73) de las cuales fueron años muy
buenos y excelentes las cosechas 91, 87, 85, 82, 81 siendo el resto calificadas
como buenas.
Material y método
Instrumental
•
Espectrofotometría UV-VIS Perkin Elmer Mod. Lambda 2, doble haz.
• Sofware PECCS
y color en vinos - Perkin Elmer.
• Rango elegido
380-780 nm.
• Intervalo 5
nm.
• Cubetas 0,1
cm.
Método
• Método CIELAB,
norma UNE 72031/83.
• Iluminante
D65, observador patrón 10º.
• Expresión de
resultados como: coordenada a* y b*, parámetros H*, C*, L*, S*.
Análisis sensorial
• Comité de cata
de expertos.
• Criterios de
selección: secuencias de color propuestas por A.P. Ortega et al.
["Contribución al estado del color de los vinos españoles", Vitivinicultura
1993: 11-12, 1994: 3-6].
• Fuente luz:
luz de mediodía.
• Mesa y
paredes: gris neutro.
• Hora: 11
mañana.
• Copa de cata:
normalizada.
• Presentación
muestras: anónima.
Resultados
Existe una buena
correlación entre los parámetros analíticos y sensoriales, utilizando el
sistema CIELAB (1976). Se agrupa de manera lógica y sencilla el total de las
muestras evaluadas en los ocho grupos de color definidos para vinos tintos:
rojo violáceo, rojo púrpura, rojo granates, rojo cereza, rojo rubí, rojo teja,
rojo castaño, marrón. Esta secuencia de color, además de ordenar las muestras,
sirve para explicar el proceso de evolución del vino con el transcurso del
tiempo. Así, observamos que los vinos jóvenes, como era de esperar, se agrupan
principalmente en las tonalidades que manifiestan los rojos más violetas de la
escala, los rojos púrpuras y rojos granates, quedando por el contrario situados
los vinos más envejecidos, grandes reservas, en los grupos de color localizados
en el otro extremo de la escala, demostrando así, en ellos, la componente
amarilla que les caracteriza.
Dichas
observaciones se justifican analíticamente: en primer lugar, a medida que nos
alejamos en el tiempo, desde el momento de elaboración, se observa un aumento
constante y evidente de la coordenada b*, amarilla, resultando los vinos más
envejecidos, los que alcanzan un valor más elevado en dicho parámetro. Por otra
parte, durante esta misma evolución y en los mismos grupos de muestras, se
manifiesta a su vez una disminución, aunque menos acusada, de la coordenada a*
(+), roja. Ello lleva como consecuencia que el parámetro H*, tono, deducido de
a* y b* también aumente con el tiempo, resultando los tonos rojos más violetas,
típicos de los vinos jóvenes, lo que manifiesta menor valor de H*, que se sitúa
en torno a los 30º lógicamente, ya que la proporción de rojos es decir, de la
coordenada a*, siempre es superior a la de amarillos, coordenada b*. Por el
contrario, en el caso de los vinos más envejecidos, los valores de H*, tono, se
sitúan entorno a los 45º, resultando la proporción de amarillos, coordenada b*,
igual que la de rojos, coordenada a*. De la misma manera, se observa también,
un aumento con el tiempo de la claridad - los colores se hacen más luminosos -
y del parámetro cromaticidad, resultando en general, los colores más viejos,
menos saturados, dato que se expresa mediante el parámetro S*, saturación.
Sobre el estudio
de las propiedades que definen en particular, el color de los vinos de La
Rioja:
• El mayor
porcentaje de muestras se distribuye analítica y sensorialmente, en el grupo de
color rojo rubí, representando el 51% del total, incluyéndose en ellas vinos
jóvenes de primer año, crianza, reserva y gran reserva.
• Por otra
parte, a pesar de poseer los vinos jóvenes los rojos más azulados de la escala,
características en otras zonas de producción, apenas cuenta en dicho grupo con
la representación de la tonalidad rojo violáceo, siendo más característicos de
estos vinos los tonos rojos púrpuras y rojos granates, debido a su carácter
varietal.
• Además, en los
vinos de Rioja, en general, se observan colores de menor cromaticidad (C*) y
mayor claridad (L*), que muestras similares procedentes de otras zonas de
producción españolas, resultando ser colores más expresivos de esta región, los
rojos granates y rubí, con respecto a los rojos púrpura y cereza, que son
muchos más saturados.
• Por último,
aunque el color de los vinos tintos más envejecidos indique una mayor
proporción de amarillos b* (+), éstos nunca son tan elevados como para
demostrar una excesiva evolución en el color y demás características
sensoriales en los vinos (figura 1).
Conclusiones
El color de los
vinos tintos de Rioja evoluciona con cierta rapidez durante su juventud,
perdiendo los tonos púrpuras y granates que le son característicos,
transformando su color en matices intermedios de la escala, definidos como rojo
rubí. No obstante, éstos tienden a mantenerse con el tiempo, lo que demuestra
cierta estabilidad de su color, alcanzando tan solo en la vejez unos sugestivos
tonos rojos castaños de calidad.
Esto lo
demuestran los datos recogidos en la Estación Enológica de Haro de los
controles que realiza el Consejo Regulador I (vino en rama) y II (vinos
comerciales) realizados en
las cosechas 95 y 96.
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