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La informática está
presente en todos los ámbitos de nuestra vida, tanto en el personal como en el
profesional. Es difícil pensar en una empresa que no disponga de ordenadores
para controlar la gestión interna, incluso empieza a ser extraño encontrar
familias que no tengan un ordenador personal y que no se conecten a Internet
para realizar consultas, ya sea para «chatear», contratar viajes y servicios,
etc.
La ascendente y vertiginosa
evolución del software y el hardware no tienen comparación posible con ninguna
otra área de actividad. Recordemos que
hace menos de 30 años sólo las grandes entidades bancarias, junto con las
multinacionales, disponían de grandes centros de cálculo para resolver
operaciones, que un PC actual es capaz de efectuar con más rapidez y seguridad.
La tendencia general de la informática es eliminar las
«islas» de información, permitiendo al usuario acceder a todo tipo de datos, sin
tener que preocuparse de las tecnologías que está utilizando. En este sentido
se está vertebrando toda la industria del software, empezando por las
herramientas de desarrollo.
En este panorama global
orientado a la información, todavía quedan «islas» totalmente desconectadas de
los continentes, que representan las áreas de la empresa destinadas a facturar,
controlar stocks, flujos de caja, etc. Uno de los ejemplos más claros es la
isla «habitada» por los enólogos, que en más de una ocasión, se han aislado
como medida de protección frente a esta globalización de la información. Hoy en
día, es fácil encontrarlos con libretas escritas a mano o hojas de cálculo que
muestran complejos jeroglíficos muy elaborados y de difícil comprensión para un
lector profano.
Necesidades
globales
Las bodegas, como empresas
que fabrican un producto destinado al consumo humano, se encuentran cada vez
más sometidas a la inspección y a la solicitud de información por parte de las
diferentes administraciones, que están intentando homologar un software que
permita tener los libros informatizados. De aquí a solicitar el envío de los
libros en soporte magnético o vía Internet hay sólo un pequeño paso. Tener un
gestor externo que se encargue de rellenar los libros anteriormente mencionados
es cada vez menos justificable para una empresa moderna.
La tan argumentada trazabilidad es en la actualidad
un requerimiento al que no se puede renunciar. Es imprescindible conocer la
procedencia de toda la materia prima y los componentes, de los procesos de
elaboración efectuados y de las ubicaciones (depósitos, botas...) por las que
ha pasado un vino.
Los enólogos son los
primeros interesados en disponer de esta información en tiempo real y
permanentemente actualizada, para conocer en todo momento el estado actual de
las diversas ubicaciones de los vinos en sus diferentes fases y, en muchos
casos, por supuesto, del estado de la viña.
Los gestores de las bodegas necesitan conocer y poder
analizar con exactitud el coste del producto, desde la viña hasta la botella.
Aspectos como las mermas, el régimen suspensivo del IVA o el impuesto especial
sobre el vino (de momento a tipo cero) tienen cada vez más relevancia en su
gestión y, evidentemente, en las relaciones de la bodega con las administraciones.
Necesidades
peculiares
Los enólogos no se escapan
de esta necesidad global de información
en tiempo real. Necesitan conocer detalladamente la historia de cada vino para
de este modo poder detectar y corregir rápidamente defectos productivos,
depósitos o botas rotas, tratamientos a efectuar e, incluso, conocer con
exactitud la disponibilidad de materiales auxiliares.
La tecnología pone a nuestro alcance todo tipo de
herramientas de precisión para dejar un mínimo papel al azar en el tratamiento
habitual de la uva y del vino. A parte de las habituales básculas y
refractómetros con interficie conectable al ordenador, disponemos de la
posibilidad de automatizar totalmente el trasiego de líquidos mediante válvulas
y circuitos controlados por ordenador, así como de identificar barricas
mediante minúsculos chips de bajo coste.
Todo esto es incompleto, si no disponemos de una herramienta
informática capaz de absorber e integrar las medidas efectuadas con el estado
de las ubicaciones y el historial de cada producto. Cualquier intervención
electrónica de precisión que finalice con una introducción manual de la
información obtenida o procesada está sometida a error.
El enólogo tiene que valorar positivamente la integración de
su trabajo diario en el engranaje general de la bodega. Es muy útil disponer de
mapas del estado de la bodega, de completos historiales de un vino o de una
barrica, del mismo modo que de imágenes de una finca con históricos de procesos
y medidas efectuadas. Pero el trabajo de entrada de los datos
necesarios no tiene por qué quedar limitado al ordenador del laboratorio, ya
que otros departamentos o personas de la bodega tendrán que volver a entrar
parte de la información para poder confeccionar los libros oficiales o valorar
el coste final de un vino, el IVA suspensivo que resulta en una venta, el stock
de materiales auxiliares o la confección de los documentos de acompañamiento.
Soluciones
Podemos establecer, en
función del método de desarrollo y del ámbito de aplicación, los siguientes
tipos de soluciones informáticas adoptadas por las bodegas:
- Solución a medida
- Solución estándar integrada de ámbito general
- Solución estándar aislada dirigida al sector
- Solución estándar integrada dirigida al sector
Las soluciones hechas a medida incrementan notablemente el
coste y el tiempo de puesta en funcionamiento, se encuentran sujetas a un mayor
tiempo de depuración y, una vez implantadas, son más caras de mantener y
tienden, a una mayor inmovilidad, por esto pecan en muchos casos de un mayor
grado de obsolescencia.
La solución informática será mucho mejor cuanto más adaptada
esté al sector y más estandarizado y difuso sea el software instalado dentro
del mismo sector.
Diferentes bodegas han implantado programas informáticos
orientados a la industria en general, ajustando el módulo de producción para
intentar adaptarlo al circuito productivo del vino. El resultado convierte al
enólogo o al jefe de la bodega en un simple introductor de información
destinada a la gestión de los stocks y de los costes de producción.
Frente a este panorama, el enólogo tiene la tendencia a
solicitar un programa específico de control y gestión de la bodega totalmente
aislado de la aplicación general de la empresa, que le permita obtener la
información que necesita en el lenguaje que él entiende. Son programas nacidos
para trabajar de forma autónoma, que crean una isla de información dentro de la
empresa y que implican la duplicación de las entradas. De esta forma, en la
bodega hay dos stocks y dos costes de vino que, curiosamente, pocas veces
cuadran entre ellos.
En este sentido, existen programas de elaboración que
incluyen un simple ingreso de uva en la bodega y que no cubren correctamente
los tratamientos realizados en el campo.
Existen también programas específicos de gestión de viñedos
que pretenden abarcar del cultivo a la botella, cuando en realidad, son
gestiones visuales para sistemas de información geográfica (GIS) de viñedos
que, al no obtener el éxito en sí mismas, se les ha añadido una parte de
elaboración que no cubre las expectativas de un enólogo profesional.
En realidad, para cubrir estas necesidades de información de
los viñedos y las bodegas, muchos terminan por comprar dos programas de
desarrolladores diferentes, creando en consecuencia nuevas islas dentro de la
empresa.
Cada vez más, las empresas elaboradoras (en ocasiones
impulsadas por los enólogos y otras por los propios gestores) implementan
programas informáticos que implican a todas las áreas que intervienen en la
empresa, tanto las productivas como las de gestión. A estos programas que
tienen la capacidad de integrar todas las áreas de la empresa se los conoce por
el acrónimo ERP, que corresponde al nombre inglés Enterprise Resource
Planning (planificador de recursos empresariales).
Existen ERP de diferentes precios y potenciales, pero no
tenemos que conformarnos con estas siglas. Un enólogo necesita algo más.
Necesita una parcela de aplicación estudiada para él y que hable exactamente en
su idioma. Podríamos concluir que lo que realmente necesita una bodega es un
ERP vitivinícola.
Existen en España muy pocos
productos de informática que verdaderamente cumplan las características que un
software integrado y plenamente orientado al sector tendría que cumplir y que
son, en esencia, las siguientes.
Integración
Tiene que responder a las
necesidades de información, tanto en el ámbito enológico, como empresarial
(comercial, contable y fiscal).
Los datos introducidos
tienen que fluir y ramificarse para que las diferentes áreas implicadas, por ejemplo,
ventas, compras y elaboración hagan los correspondientes asentamientos a los
diferentes libros oficiales.
Trazabilidad
Tiene que cubrir la
trazabilidad desde el viñedo hasta la botella, para poder obtener los
historiales de un vino embotellado, pasando por todos los
coupages y procesos de elaboración hasta llegar a la uva y a la misma finca.
Los depósitos y barricas también deben tener su historial que permita saber qué
vinos han pasado por cada uno de ellos.
En el terreno de la
documentación, la trazabilidad permitirá que ante un apunte de un historial
pueda obtenerse, con un solo clic, el informe de elaboración asociado, así como
los datos analíticos existentes en ese momento.
Especialización
Tendrá que ser íntegramente
pensado para el sector vitivinícola, ya que de otra forma no resolverá la
totalidad de peculiaridades del mismo. Cada vez esperamos más del software, ya
que no se puede utilizar en una bodega uno que esté pensado para la industria
cárnica.
Capacidad de adaptación
Tendrá que estar dotado
de una capacidad suficiente de parametrización, para adaptarse a cualquier
empresa del sector, ya sean elaboradores de vinos tranquilos, cava, productos
intermedios o licores. Para que esto se cumpla es recomendable que se trate de
un software extendido en el sector y, por tanto, con una amplia
experiencia en las diferentes formas de trabajar de las bodegas.
Flexibilidad
En muchas ocasiones
hablamos de un programa estándar como de una caja cerrada a la que no se le
pueden añadir cambios. Es necesario que el fabricante del software esté en
disposición de efectuar modificaciones particulares al estándar cuando no se
pueda llegar mediante los parámetros disponibles en el programa.
Compromiso
La implementación y
mantenimiento de un software de este tipo requiere un claro compromiso, por
parte de la empresa que lo ha desarrollado, de actualizar constantemente el
programa a las normativas y disposiciones que hacen referencia al sector, así
como a la evolución tecnológica en la que estamos todos inmersos.
Conclusión
Sin duda alguna, la
implementación de un software que implica e integra todas las áreas de
actividad de una empresa requiere un esfuerzo y una importante implicación de
todos los que la tienen que utilizar. En muchas ocasiones se requieren cambios
importantes en procesos que no han hecho más que restar eficacia y que, sin
embargo, se habían mantenido por costumbre sin alteración alguna en todos estos
años. Justamente en esto y en la facilidad que ofrece el software para obtener
una gran cantidad de información sin reiteraciones inútiles en la entrada de
datos encontramos la llave del éxito de este tipo de programas.
Irrefutablemente, las ventajas son más numerosas que los posibles obstáculos
que puedan aparecer y la inversión inicial de tiempo que tenga que hacer.
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