| Un
poco de historia
La utilización de los envases de madera puede remontarse a la
época romana cuando eran usados como contenedores y medio de transporte
para comerciar con vinos y otros alimentos entre las zonas productoras
y las consumidoras. Anteriormente el vino había sido transportado
mediante recipientes cerámicos, como así lo demuestran las ánforas
y vasijas fenicias, griegas y romanas descubiertas en numerosos
yacimientos arqueológicos, y se tiene constancia que ya los primeros
pueblos que se especializaron en el cultivo de la vid y consecuentemente
en la elaboración de los primeros vinos, transportaban éstos hacia
las ciudades más prósperas de Mesopotamia en ánforas de barro
cocidas que aseguraban una buena conservación de aquellos caldos.
Los primeros contenedores eran fabricados sobre la base de la
madera extraída de los bosques cercanos a los viñedos del imperio,
y eran de diversas capacidades desde los 200 a los 500 litros.
Se utilizaban para guardar los vinos y sobre todo para transportarlos
sobre carretas arrastradas por bueyes. Tras la caída del Imperio
Romano pasaron muchos años antes de que se volviese a comerciar
con vino, y entonces se volvió a utilizar la madera de los extensos
robledales europeos para la construcción de los contenedores que
volverían a servir para comerciar con este preciado fruto de la
tierra. En nuestro país, allá por el siglo XV, la madera extraída
de los bosques de robles era utilizada en la factoría de buques
con destino a la potente industria naval, y los contenedores se
fabricaban a partir de madera de castaño y cerezo. Posteriormente
se llegaron a fabricar barricas de roble americano procedente
del comercio con las regiones conquistadas en ultramar, y puesto
que este comercio entraba en la península por los puertos de Cádiz
y Sevilla, fue en la zona de Jerez donde se concentró una importante
industria de manufacturación tonelera.
Las largas travesías que soportaban los vinos transportados, hacían
que éstos se oxidasen y evolucionasen, y sobre todo se impregnasen
de los aromas y compuestos procedentes de las maderas que los
contenían. En algunos casos las fuertes oxidaciones y el avinagrado
de los vinos obligaron a sus expedidores a utilizar conservantes
naturales para protegerlos, y así en el comercio de vinos procedentes
de zonas como Jerez, Málaga, Madeira y Oporto con operadores ingleses
y del norte de Europa, se debían encabezar con aguardiente para
que soportasen mejor la travesía. En muchas ocasiones, tras un
largo viaje y un lento proceso de oxigenación, cuando los vinos
llegaban a su destino eran transvasados a contenedores de vidrio
(botellas, garrafas, etc.), momento a partir del cual la evolución
proseguía pero en condiciones de reducción, dando lugar a vinos
más finos y comerciales.
Con el paso de los años, las mejoras tecnológicas en la elaboración
de vinos unida a un mayor conocimiento en la selección y procesado
de las maderas utilizadas en la fabricación de las barricas, fueron
consiguiendo unos vinos de mayor calidad y mejor aceptación en
los mercados. Se fueron desvelando los fenómenos derivados de
la crianza de los vinos en madera, los mecanismos de oxidación
química y bioquímica, la formación de ésteres, la transformación
de los compuestos fenólicos, la migración y evolución de compuestos
de la madera así como los mecanismos que condicionaban todo este
tipo de procesos, y posteriormente los fenómenos de reducción
en botella que hacían que los vinos acabasen de afinarse; se establecieron
los principios tecnológicos de la crianza mixta de los vinos madera/botella,
o lo que es lo mismo, oxidación/reducción.
La aceleración del envejecimiento
Sin embargo muchos fueron los intentos por conseguir envejecimientos
acelerados de los vinos con el fin de adaptarlos de una forma
rápida al gusto de los consumidores y dotar a los caldos de características
de oxidación por un lado y de notas aromáticas y gustativas de
madera por otro. La maceración de fragmentos de madera de roble
mayor o menor tamaño, unido a aireaciones más o menos prolongadas
a temperaturas elevadas ya era citada por L. Pasteur, en 1866,
como una técnica de envejecimiento rápido, y que ya por entonces
se constataba su utilización de forma habitual y siguiendo las
costumbres heredadas de los maestros bodegueros generación tras
generación. Sin embargo todas estas prácticas quedaban muy lejos
de proporcionar vinos de calidad similar a los obtenidos en crianzas
tradicionales en barricas de roble.
En la década de 1980, Michel Moutounet comenzaba sus investigaciones
sobre una nueva técnica denominada microoxigenación, consistente
en la aportación a los vinos de pequeñas cantidades de oxígeno
puro durante un cierto tiempo, intentando reproducir los procesos
de oxidación de un vino durante su envejecimiento en barricas,
pero en este caso en depósitos de acero inoxidable. Los resultados
fueron espectaculares y realmente el enólogo comenzaba a tener
a su alcance una herramienta de trabajo que conseguía pulir los
perfiles organolépticos de los vinos, haciéndolos más comerciales,
y todo ello de forma controlada y permanentemente monitorizada
lo que facilitaba la labor del técnico y le posibilitaba para
intervenir de una forma activa en el proceso. A partir de este
momento se vuelven a recuperar y revisar a fondo las técnicas
de maceración/infusión de elementos de madera de diferentes especies
arbóreas, para de forma conjunta con la técnica de la microoxigenación
conseguir el envejecimiento acelerado de los vinos con un grado
de perfeccionamiento mucho más alto al que hasta entonces existía,
y de hecho en la actualidad se obtienen por este procedimiento
vinos de una gran calidad y de una alta aceptación en el mercado.
Beneficios aparentes de la técnica de maceración/infusión
Existen varios factores que han influido de una manera determinante
en la generalización de esta práctica, sobre todo en zonas productoras
de países del llamado Nuevo Mundo, donde se han desarrollado,
perfeccionado e implantado al amparo de un vacío legal y una amplia
permisividad gubernamental:
Uno de estos factores sería la falta de disponibilidad de maderas
adecuadas para la fabricación de barricas. Muchos de los productores
de regiones del Nuevo Mundo debían importar desde Europa o Estados
Unidos las maderas que debían servir para la crianza de los vinos
(en muchos casos se importaban las barricas desmontadas).
Otro factor sería el económico por cuestiones de competitividad.
Los vinos producidos en las regiones del Nuevo Mundo debían competir
con sus homólogos europeos de reconocido prestigio por su larga
tradición elaboradora, y una de las maneras de competir era colocando
los vinos elaborados en el mercado destino (sobre todo europeo
y americano), a unos precios realmente asequibles, con lo que
los costes de elaboración debían revisarse a la baja irremediablemente
y por consiguiente se debía descartar el manejo de barricas en
los locales de producción, pero obligatoriamente se debían conseguir
vinos con caracteres de crianza en madera.
Por otro lado, la técnica combinada de la microoxigenación y el
empleo de elementos de madera en depósitos de gran volumen permiten
el procesado de grandes volúmenes a un costo muy bajo, la reducción
drástica de mermas por evaporación, como contrariamente ocurre
con la crianza en barricas. Además se consigue la homogeneidad
organoléptica de todo el conjunto, factor que en el caso de la
crianza en barricas no es tan claro ya que cada elemento se comporta
de forma independiente, obligando al final del proceso de un análisis
organoléptico y químico de barrica por barrica para poder posteriormente
hacer los descartes pertinentes y con el resto realizar un coupage
y conseguir la homogeneización de calidades.
También resulta un fenómeno a considerar el hecho que en envejecimientos
en barricas la necesidad de espacio para su estiba es muy importante
y, además, una inversión cuantiosa en sistemas de acondicionamiento
de temperatura y humedad, junto al gasto energético que ello comporta.
En resumen, todos estos factores y algunos más que sin duda se
podrían añadir a esta lista, como el considerable ahorro en mano
de obra, disminución del capital inmovilizado en vinos de largas
crianzas, etc., han sido la base del éxito para la gran aceptación
de estos sistemas en bodegas californianas, australianas, chilenas
o argentinas.
Bajo este panorama, hoy en día se presentan muchas alternativas
en el mercado para realizar crianzas aceleradas y dotar a los
vinos de caracteres de envejecimiento en contacto con madera.
A continuación detallaremos algunos de los sistemas más utilizados
a lo largo de la geografía vitivinícola mundial.
Sistemas para su utilización en depósitos de gran volumen
Granulado de roble
Como
su propio nombre indica se trata de un producto a base de pequeños
gránulos de madera de roble que se utilizan en bolsas de tipo
infusión y que son anclados en la parte inferior de los depósitos
de maceración.
Virutas de roble o chips
Con esta denominación agrupamos aquellos
fragmentos de madera de aspecto astilloso de un tamaño próximo
a los 10 mm, y que han podido o no, ser sometidos a procesos
de tostado. Se acostumbran a utilizar en bolsas de tipo
infusión y son anclados en la parte inferior de los depósitos
de tratamiento.
Fragmentos de roble
Podemos decir que son elementos de mayor tamaño que las virutas
y, en este caso, producidos mediante el aserrado de forma más
o menos uniforme de tablillas de roble de un grosor determinado.
Los encontramos en el mercado de forma cúbica de 1 cm de arista
(oak beans), o en forma rectangular entre unos 5-8 cm de
lado por 1 cm de grosor (stave segments). También se acostumbran
a utilizar en bolsas de tipo infusión y son anclados en la parte
inferior de los depósitos de tratamiento.
Sistema de inmersión de tablillas, listones o travesaños de
roble (stave system, innerstave, tank matrix, etc.)
Basado en la utilización de piezas de roble de una forma más
o menos rectangular y que son sumergidas y ancladas en el fondo
de los depósitos o en algunos casos adosados a las paredes de
los mismos mediante unos bastidores de acero inoxidable. Las medidas
son muy variables, desde los 80-90 cm de largo, 4-6 cm de ancho
por 1 cm de grosor, hasta algunas que superan 1,5 m de largo,
más de 20 cm de ancho y un grosor superior a los 2 cm. Hay sistemas
en los que los travesaños son dispuestos en el interior de los
depósitos en forma de torres cuadrangulares como si fuesen reproducciones
de las construcciones en los juegos infantiles de bloques de madera,
pero en este caso con anclajes seguros en los extremos y todo
el conjunto centrado y fijado a la base del depósito. En muchas
ocasiones esta técnica trata de simular en un gran depósito lo
que ocurre en una barrica, y para ello se calcula la relación
de superficie de madera necesaria en el proceso, respecto al volumen
de vino a tratar. Es interesante considerar que se pueden mezclar
diversos tipos de madera y tostados para conseguir los matices
deseados. Es uno de los sistemas de mayor aceptación entre productores
de grandes volúmenes de vino en zonas vitivinícolas del Nuevo
Mundo.
Sistemas para la reutilización de barricas ya «agotadas»
Entablillado interior de la barrica
Se trata de un sistema de tablillas de 5-10 cm de ancho, y unos
pocos milímetros de grosor, que se disponen en el interior de
las barricas, adosadas a las paredes de la misma, en algunos casos
sobreponiendo la duela original y en otros mediante un sistema
de anclaje que deja las tablillas perpendiculares a las duelas.
El vino aquí dispuesto seguirá un proceso de envejecimiento oxidativo
natural gracias a la conservación de la barrica original, mientras
que las nuevas tablillas aportarán los caracteres organolépticos
de la madera.
Tablillas encadenadas
Consiste en una serie de listones encadenados por sus extremos
y que tienen unas medidas adecuadas para poder ser introducidos
en el interior de las barricas por el orificio de llenado.
Sistema de infusión para granulado o virutas de roble
Se trata de una estructura cilíndrica del diámetro del orificio
de llenado de las barricas, y con la pared fabricada con una malla
de acero inoxidable que permite el paso del vino a su través.
En el interior del cilindro se coloca el granulado o las virutas
y todo el conjunto se introduce en la barrica una vez llena del
vino a tratar.
Reflexiones finales
La práctica del envejecimiento acelerado de los vinos usando
«sucedáneos» de madera es conocida desde hace mucho tiempo, y
lo único que ha ocurrido en los últimos años es que tecnológicamente
se ha perfeccionado y se ha complementado con técnicas de microoxigenación.
Ahora bien, ¿se puede producir una misma calidad de vino por el
sistema tradicional de envejecimiento en barrica y mediante el
uso de estas técnicas? La complejidad del mecanismo de evolución
de un vino en contacto con madera y en un ambiente de oxidación
es tal, que podemos asegurar casi categóricamente que ambas técnicas
reportarán resultados diferentes en un mismo vino que haya seguido
ambos procesos de envejecimiento por separado. La cuestión es
si el vino resultante de ambos procesos tendrá características
de calidad, si este vino tendrá aceptación en el mercado, y si
el consumidor estará dispuesto a pagar por él. Al juzgar por las
evidencias parece ser que sí, y en multitud de catas a ciegas
ha sido imposible distinguir vinos de diferentes orígenes y elaborados
con diferentes variedades producidos con un método u otro. También
este hecho se constata en concursos internacionales donde vinos,
a precios muy competitivos, elaborados con sistemas de envejecimiento
acelerado, consiguen copar los primeros puestos de las clasificaciones.
Y mientras tanto, ¿qué se está haciendo en los países europeos
de más larga tradición vinícola? De momento, y por si acaso, recelar
de las nuevas técnicas planteadas, y ante todo legislar para proteger
no sabemos muy bien el qué. La cuestión radica en que un sistema
no es peor que otro, sino que los mercados cada vez más globalizados
y saturados de oferta devoran las nuevas propuestas que se diferencien
de lo establecido hasta el momento y arrinconan lo monótono y
vetusto, y sobre todo no debemos desdeñar la cuestión económica
que tiene un peso específico importante. Se están vertiendo ríos
de tinta para opinar a favor o en contra de los chips, tablones
y otros sucedáneos, cuando la realidad es que sin estar todavía
hoy en día legislado su uso, la venta de este tipo de preparados
se ha disparado de forma exponencial, para su uso en cualquier
tipo de vino y zona de producción, y por el contrario, los principales
fabricantes de barricas llevan años sufriendo en sus carnes el
brutal descenso de las ventas, debido en parte a la frenada en
el consumo de vino, pero por otra, y aún más destacable, por la
implantación de estos nuevos sistemas de envejecimiento.
La paradoja a toda esta polémica es que si los nuevos sistemas
surgidos de crianzas aceleradas no fuesen suficientemente buenos
como para conseguir vinos de calidad adecuada a precios adecuados,
¿qué deben temer los defensores de los sistemas tradicionales?
Los hay que lo han tenido muy claro, y difícilmente veremos en
ninguna bodega californiana o australiana salas de crianza con
estivas de barricas a miles. Lo importante a tener en cuenta es
que cada sistema tiene sus ventajas y sus inconvenientes, que
uno no excluye al otro dentro de una misma bodega, que consiguen
vinos con sus diferencias y sus similitudes, pero que indiscutiblemente
el coste para su consecución es radicalmente diferente en un caso
u otro. Por lo tanto, más que una decisión técnica del enólogo
de turno, debería ser un planteamiento económico del empresario
y de su apuesta frente a la globalización del sector vinícola,
el que determinara las estrategias comerciales y técnicas de producción
de la bodega. |
[29.08.06]
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