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Potenciales vulnerabilidades de la viña en el Priorato
frente al cambio global

Robert Savé1, Felicidad de Herralde1, Mª Mar Alsina1, Xavier Aranda1, Carmen Biel1,
Montse Nadal2 y David R. Smart3
1. IRTA; Horticultura Ambiental – Ecofisiología. Caldes de Montbui (Barcelona)
2. Universidad Rovira i Virgili. Facultad de Enología de Tarragona.
Departamento de Bioquímica y Biotecnología. Tarragona.

3. Department of Viticulture & Enology. University of California at Davis. Estados Unidos.

La comarca del Priorato (Tarragona) es un área vitivinícola tradicional muy importante y especial, situada en el sur de Cataluña, que desde la última década del pasado siglo ha tomado nuevo auge, gracias a la visión y esfuerzo de los productores con la introducción de nuevas técnicas vitivinícolas y de mercado, que han hecho que los vinos sean mundialmente reconocidos.

Las viñas del Priorato están distribuidas entre los 100 y 700 m de altura, con unas pendientes de plantación de más 15º; las medias de temperatura y pluviometría son respectivamente 15 ºC y 500 mm. Los suelos (litosuelos) son superficiales con gran cantidad de piedras.

Tabla 1. Variedades blancas y tintas más utilizadas en DOC Priorat, en número de vides y hectáreas a 2006 (http://www.doqpriorat.org/)

 

 

Vides

Hectáreas

Variedades blancas

Garnacha blanca

102 089,00

45,70

 

Macabeu

81 676,00

36,51

 

Pedro Ximénez

14 110,00

6,46

 

Xenin

2 700,00

0,70

 

Altres

28 127,00

10,99

 

Total blanco

228 702,00

100,36

 

 

 

 

Variedades tintas

Garnacha negra

1 845 757,00

667,42

 

Cariñena

1 262 014,00

521,04

 

Cabernet sauvignon

567 137,00

202,43

 

Merlot

203 344,00

58,07

 

Syrah

311 256,00

89,94

 

Otros

45 185,00

19,20

 

Total tinto

4 234 693,00

1 558,10

 

 

 

 

En 2004, en la DOC Priorat existían unas 85 bodegas que gestionaban entre 8000 y 200 000 kg de uva, siendo la producción total de aproximadamente 4 360 000 kg de uva (el equivalente a 29 000 hL de vino).

Actualmente, la producción vitivinícola se ve directamente afectada por diversos factores atribuibles al cambio global, como la introducción de nuevas variedades en el cultivo de la vid, tanto foráneas como ancestrales; cambios en los gustos del consumidor, etc., junto a los cambios ambientales de origen natural y/o antropogénico (IPCC 2007; Schultz 2007; Jones, 2008).

La agricultura, y la viticultura en concreto, está expuesta a los efectos del cambio global. Así, la vulnerabilidad, al mismo tiempo, dependerá de una serie de factores biológicos y socioeconómicos, específicos de cada situación geográfica (Sauri 2007; Savé et al. 2007). En este sentido, el cultivo de la vid en el Priorato, tanto por su disposición geográfica, como por su estructura productiva, puede estar expuesta al cambio global (Savé et al. 2008).

El efecto del cambio global

El potencial cambio climático atribuible al cambio global, puede incrementar la temperatura a escala local o general (IPCC, 2007). Además, estos pequeños cambios de temperatura pueden tener gran influencia en cuanto al balance de carbono atmosférico se refiere (Valentini et al. 2000).

Este incremento no será el mismo en todo el mundo (IPCC 2004); parece que resultará especialmente importante en la cuenca mediterránea (Pinyol et al. 1998). Así, y de acuerdo con las predicciones más pesimistas, la temperatura puede incrementarse hasta los 4 ºC, y la pluviometría puede descender entre un 10 y un 40 % (Rosenzwieg and Tubiello, 1997).

También debe tenerse en cuenta que, el ecosistema mediterráneo se caracteriza por un doble estrés (Terradas y Savé, 1992). Durante el verano, la baja disponibilidad hídrica en el suelo, junto con los elevados déficits de presión de vapor atmosférico, propician inhibiciones en el crecimiento vegetal y diferentes efectos negativos en su desarrollo (Savé et al.). La característica más importante de las plantas verdes es la asimilación del CO2; cualquier otra característica fisiológica (vacuolas, cutículas,...) son secundarias (Larcher 1980, 1995; Kartiens 1996 ). Así, las plantas necesitan mantener abiertos los estomas en ambientes muy secos, consecuentemente, pierden agua continuamente (por transpiración) y se establece un flujo continuo de agua entre el suelo y la atmósfera (Passioura 1982, 2001).

Figura 1. Resistividad hidráulica específica de troncos de Vitis vinifera variedad tempranillo injertada sobre dos portainjertos (110-R y SO4) y sometida a dos dosis de riego (100 % ET0 y 50 % ET0) (de izquierda a derecha): tronco del portainjertos, tronco de la variedad y punto de injerto. Este parámetro indica dónde hay mas resistencia al transporte de agua entre raíces y hojas. Como se puede ver, en el caso estudiado, la mayor resistencia se localizaba en el punto de injerto (de Herralde et al. 2006)

Cualquier condición ambiental provoca déficits hídricos en los tejidos y estrés, que da lugar a situaciones adversas para el normal crecimiento, desarrollo de plantas, cultivos, comunidades, etc. El estrés más importante (Levitt, 1980) es el abiótico (sequía, inundación, salinidad, temperaturas altas, bajas –enfriamiento y congelación-–, alta radiación, ozono, deficiencias minerales, etc.), el biótico (insectos, hongos, bacterias, virus, elicitores, competencia entre especies) y el antropogénico (aire: O3, NOx, SO2, aerosoles; agua: salinidad, microbiología, metales pesados, drogas, etc.; y suelo: metales pesados, pérdida de estructura,..., polución, herbicidas, lluvia ácida, deposición seca, turismo, etc.).

Todos los organismos, comunidades, organizaciones, etc., están expuestos a las condiciones ambientales abióticas o bióticas. Éstas varían en intensidad, duración y complementariedad entre ellas, haciendo oscilar así los niveles de exposición. En el caso que nos ocupa, las plantas, los cultivos, pueden evitar, tolerar e incluso mejorar su adaptación a las nuevas condiciones (endurecimiento, plasticidad) (Cortina et al. 2006) con el fin de resistir esta exposición de formas muy diversas, provocando diferentes niveles de vulnerabilidad según sea su afectación (Sauri 2007). A título de ejemplo, todas las plantas están expuestas a la sequía, pero algunas mueren, otras reducen su crecimiento y otras se muestran invariables, indicando así diferentes vulnerabilidades frente a una misma exposición.

Cambio global y actividad agrícola

En la agricultura, los factores que más directamente pueden actuar sobre la productividad son los siguientes:

El incremento de la temperatura puede provocar incrementos de evaporación, de respiración del suelo y de la cantidad de materia orgánica en el mismo que, a su vez, reduce la capacidad del suelo para actuar como lugar de almacenaje y fuente de agua para la vegetación, provocando, todo ello, déficits hídricos en la vegetación (Schultz 2000).

El incremento de CO2 aumenta la productividad y la eficiencia en el uso del agua. Así, pues, las plantas desarrollan una regulación de la fotosíntesis y la productividad retorna a los valores originales o inferiores (Drake et al. 1997; Long et al. 2004). De todas formas, es preciso tener en cuenta que en las plantas anuales, herbáceas o en sus nuevos brotes de crecimiento, la producción tiende a incrementarse y, por tanto, también su gasto hídrico. Esto, a medio plazo, provoca más biomasa que, a su vez, dificulta la radiación que llega a determinadas zonas de la planta. Precisamente, en estas partes de la planta se reducirá la transpiración y se desarrollará un nuevo equilibrio entre absorción y pérdidas de agua en la copa (Savé et al. 2005), etc.

El incremento en la radiación UV tiene efectos negativos sobre el crecimiento. Precisamente como respuesta a dicho estrés, se producen importantes cambios morfológicos, fisiológicos y bioquímicos para tratar de evitar este efecto y, a la vez, poder incrementarse la biosíntesis de flavonoides y algunos antioxidantes (Jensen et al. 1998), los cuales son de gran importancia para el color, sabor, y aroma de la uva y, posteriormente, del vino (Matthews et al. 1990; McCarthy 1997, 2000, 2002; Ojeda et al. 2002).

La sequía provoca la reducción del crecimiento, pero en el área mediterránea, en general, ésta aparece combinada con otros efectos estrés y, consecuentemente, los efectos pueden modificarse por las interacciones (Shaver et al. 2000). El nivel de déficit hídrico en la viña puede provocar disminuciones en el crecimiento de la parte aérea, del tamaño del grano y de la producción, y con ello modificar la relación entre ácidos y azúcares, la firmeza y textura de la pulpa y la piel, el color, el tamaño y la composición de los granos, así como su uniformidad en el interior de los racimos (Roby & Mattews 2004; Roby et al. 2004; Koundouras et al. 2007).

Figura 2. Parámetros calculados de las curvas presión-volumen para garnacha tinta (GN) y garnacha blanca (GB) en las cuatro fases del ciclo: I) crecimiento vegetativo, II) envero, III) maduración y IV) vendimia: A) Potencial osmótico a plena turgencia Ψπ100 (MPa), B) Potencial osmótico a punto de pérdida de turgencia Ψπ100 (MPa), C) Módulo de elasticidad ε (MPa) y D) Tasa de transpiración cuticular TRc (gH2O·min-1·g-1DW). Estos parámetros determinan mecanismos de resistencia a la sequía a nivel foliar. Sin existir diferencias entre ambas variedades, se detectó ajuste osmótico estacional y reducción estacional en el Ψπ˜0, que indica aproximadamente el punto de cierre estomático. (Alsina et al. 2007)

Las previsiones a escala local

Sin embargo, se debe tener cuidado con las valoraciones respecto de las previsiones en el incremento de la sequía, ya que las predicciones de cambio para el futuro son muy globales y, a escala regional, no son estadísticamente diferentes del clima contemporáneo (período 1060-1990), o de la propia variabilidad climática de varias décadas, al contrario de lo que se prevé para variables simples del clima como la temperatura o la pluviometría. A su vez, los cambios anuales y/o estacionales en variables hidrológicas, como la evaporación o el contenido de agua en el suelo, no son detectables en el siglo XXI (Sheffield y Wood 2007). Con todo ello, no se está diciendo, en absoluto, que no exista el cambio global, sino que éste a nivel de sequía, no de una sola variable, se producirá a lo largo de décadas. Luego, se precisan estudios regionales para poder valorar la exposición y la potencial vulnerabilidad a este cambio, con el fin de prever, estudiar y aplicar las posibles soluciones.

El cambio global promueve la combinación de muchos de ellos en un mismo espacio y tiempo, hecho que puede producir efectos sinérgicos sobre la vegetación y los cultivos. Otros efectos de estrés, en un sentido amplio, son la aparición de plagas, enfermedades y malas hierbas, las cuales pueden pasar de ser meras anécdotas a tener importancia en los cultivos debidos al cambio global. Así mismo, los efectos de estrés ambiental son la mayor causa de pérdida de productividad, reduciéndose la recolección de tres a siete veces respecto de la potencial productividad. El estrés abiótico y la competencia con las malas hierbas representan el 90 % de esta reducción, las enfermedades el 6 % y los insectos el 4 %. Esencialmente, todos los cultivos están afectados estacionalmente y/o anualmente por la sequía, inundación o frío (Faust 1986).

Figura 3. Relación entre la acidez del mosto y la concentración del ácido abscísico en raíces desde baya tamaño guisante hasta cosecha en plantas de tempranillo. Esta relación muestra que durante el proceso de maduración del fruto, en el cual se reduce la acidez, los niveles de estrés detectados a nivel de raíz (indicados por el incremento de ABA) fueron mayores. (Datos no publicados. Proyecto AGL2001-1285-CO3-02. MEC.)

Trabajos del Departament de Medi Ambient i Ciències del Sòl, de la Universitat de Lleida (Cots-Folch et al. 2006; Ramós et al. 2007), han incidido en aspectos edáficos y geomorfológicos de los suelos del Priorato reconvertidos del sistema tradicional al de terrazas, desarrollado en la década de los noventa, y propiciado por diferentes políticas agrícolas de la Unión Europea (Commission Regulation EC nº 1227/2000 del 31/%/2000) con la finalidad de adaptar la producción a las necesidades del mercado. Esto ha provocado importantes transformaciones en cuanto a superficie cultivada en estas nuevas características, que pueden mostrar aspectos positivos como son la mejor captación de radiación (Marfá et al. 1989) y otros negativos como la reducción del agua disponible y el incremento en la infiltración, junto con cambios en las propiedades físicas (porosidad, relación aire/agua, textura), químicas (concentración de oxígeno, NPK, etc.) y biológicas (deficiente o fuerte reducción de propágulos micorrízicos, desequilibrios microbiológicos, etc.) de los mismos.

Estos resultados junto con otros, que valoran los potenciales cambios climáticos y la respuesta de los patrones y variedades frente a los mismos, hacen replantear que, con el fin de poder valorar la vulnerabilidad de la producción vitivinícola en el Priorato, se precisan estudios interdisciplinarios en los que aparte del medio físico (suelo-cultivo-ambiente) del propio cultivo se valoren aspectos socioeconómicos asociados al consumo del vino.

El grupo firmante de este trabajo focaliza sus esfuerzos en estudiar y valorar las respuestas de pies y variedades de viña frente a la sequía como paso para desarrollar técnicas y sistemas que permitan optimizar su cultivo en las nuevas condiciones ambientales.

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[31.07.08]
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