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CIENCIA Y TECNOLOGÍA OTROS ARTÍCULOS CIENTÍFICOS  

El material vegetal de vid: retos de futuro

Adrián Martínez Cutillas, Leonor Ruiz García, Rocío Gil Muñoz y José Ignacio Fernández Fernández
Departamento de Viticultura, Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA). La Alberca, Murcia

Importancia del sector vitivinícola

España cuenta con 967055 hectáreas destinadas al cultivo de la vid (de las que el 98,64% se destina a la producción de vino) y es el país con mayor extensión de viñedo de la Unión Europea (25 % de la superficie total de la UE), y del mundo (16 % de la extensión vitícola mundial) (ESYRCE, 2012) a pesar de haber perdido mas de 300000 Ha en los últimos 20 años.

La superficie mundial dedicada al cultivo de la vid, acusó un descenso importante en la década de los 90, pasando después por un periodo de estabilización en torno a los 7,7 millones de Ha, ya que esta disminución de la superficie de viñedo en la Unión Europea, se ha visto compensada por el aumento de superficie aportada por los países del nuevo mundo.

El cultivo de la vid en España se extiende por todas las comunidades autónomas, si bien cerca de la mitad de la superficie de viñedo se encuentra en Castilla La Mancha (465.358 Has), que es la zona geográfica del mundo con mayor extensión dedicada a este cultivo. España cuenta con 73 zonas de producción de vinos de calidad producidos en región determinada (vcprd) de las que la mayor parte son Denominaciones de Origen (DO), y solamente 2, Denominaciones de Origen Calificadas (DOCa), Rioja y Priorato.

Teniendo en cuenta solo la superficie española ocupada por el viñedo, el 48,8% de esta se concentra en Castilla-La Mancha. Muy por detrás está el viñedo extremeño (8,6%), el de la Comunidad Valenciana, el de Castilla y León (7%) y el de Cataluña (6%). En La Rioja se localiza el 5% del viñedo español, en Aragón el (4%) y en Murcia, Galicia y Andalucía el (2,7%) en cada una. El viñedo navarro representa el 2% del español, y Madrid, País Vasco, Canarias y Baleares poseen el 3,8% restante.

Los orígenes de la vid

Probablemente las primeras plantaciones sistemáticas de vid se hicieron entre los mares Negro y Caspio, hace más de 6000 años. El conocimiento de cómo propagar y cultivar la vid fue posteriormente extendiéndose hacia el oeste, hacia Egipto, Grecia e incluso pudo llegar hasta el sur de España hacia el año 2500 AC. Los etruscos iniciaron el cultivo de la vid en la zona central de Italia en el siglo VIII AC y poco después los griegos extendieron su cultivo a la parte meridional y a Sicilia, en lo que conocemos como la Magna Grecia, aportando nuevo material vegetal que traían de sus zonas de origen.

La viticultura fue introducida en la Francia meridional por los romanos alrededor de 600 AC y, a medida que su imperio se iba extendiendo, el cultivo de la vid llegaba a nuevos territorios, de tal manera que a la caída del Imperio Romano, la vid se había extendido por toda la cuenca mediterránea y por el resto de Europa en aquellas áreas cuya climatología permitía su cultivo.

En los países del nuevo mundo vitícola, la viticultura llegó con los primeros exploradores, así en los años 1500 llegó a México y América del Sur y después de 1655 a Sudáfrica. En Norteamérica se hizo un primer intento de introducción de la vid en la costa este, con la llegada de los colonos europeos hacia 1620, pero fracasó debido a la inadaptabilidad de la Vitis vinifera a las condiciones climáticas de la costa atlántica americana. No fue hasta comienzos del siglo XIX, cuando los monjes mejicanos y españoles, dirigiéndose hacia el norte, siguiendo la costa del Pacífico, introdujeron el cultivo de la vid en la actual California. En Australia introdujeron la vid los primeros pobladores europeos hacia finales del siglo XVIII y a Nueva Zelanda no llegó hasta los primeros años del siglo XIX.

Europa ha sido y continúa siendo el gran continente productor, consumidor y exportador de vino, más de las tres cuartas partes de la producción mundial de vino, del consumo y del comercio se desarrolla en Europa. En los últimos años, el desarrollo de la viticultura en los nuevos países productores, Estados Unidos (California), Chile, Argentina, Sudáfrica y Australia, muchas veces propiciada por empresas europeas, está suponiendo una competencia importante para los vinos europeos, especialmente en los mercados emergentes.

Situación del material vegetal

Europa, a pesar de no ser uno de los centros de origen del material vegetal de vid, ha sido el gran centro, a partir del cual, la Vitis vinifera se ha difundido y colonizado al resto de continentes, situándose principalmente en la franja limitada por los paralelos 30 y 50 grados de latitud norte y sur, alcanzando el máximo desarrollo en las zonas con clima tipo mediterráneo.

Aunque existen más de 5000 variedades del género Vitis extendidas por el mundo, debido a la globalización de los mercados y a su difusión a partir de los viñedos europeos, solo unas pocas variedades acaparan gran parte de la producción mundial de vino. Así, podemos señalar que en España 9 variedades ocupan el 80% de la superficie dedicada al cultivo de la vid, en Francia 30 variedades ocupan el 95% de la superficie, en California 10 variedades suponen el 80% de su superficie vitícola y en Australia 6 variedades ocupan mas del 80% de sus viñas.

Contrariamente a lo que ha ocurrido con otras especies, como el trigo o el maíz en las que la obtención de nuevas variedades a través de la mejora genética ha supuesto un avance muy importante, tanto en el aumento de la producción, como en la calidad de las mismas, en el caso de la vid las mejoras producidas se han debido a la selección clonal-sanitaria de las variedades existentes y a la mejora de las técnicas de cultivo.

En las conclusiones de la última reunión del GESEVID, celebrada en Madrid en noviembre de 2012, se informa que en España se ha hecho selección en 56 variedades y que el número de clones seleccionados es más de 700. Si como veíamos antes 8 variedades ocupan el 80% de la superficie vitícola en España, quiere decir que se deben haber hecho selecciones clonales de variedades con muy poca superficie de cultivo y probablemente con muy poca variabilidad genética en su población y en las que probablemente el mayor avance obtenido haya sido disponer de clones libres de virus.

Como la práctica totalidad de las variedades importantes cultivadas se han seleccionado, en los últimos años se ha desatado una corriente hacia la recuperación de las variedades minoritarias y han sido numerosos los proyectos desarrollados en las principales regiones vitícolas españolas, para recuperar y describir estas variedades que si bien a lo largo de los siglos, no se han multiplicado en exceso, es justo señalar que en aras de preservar la diversidad y luchar contra la erosión genética, se está realizando una gran labor y ese material debe de conservarse en los bancos de germoplasma de vid.

Retos de futuro

Al margen de los retos que la globalización de los mercados pueda imponer al sector vitivinícola, el material vegetal de vid se va a enfrentar en un futuro inmediato a dos importantes retos: las consecuencias del previsible cambio climático y las restricciones cada vez mayores en el uso de pesticidas.

El clima es uno de los factores que mejor define a una zona vitícola y que limita finalmente su vocación hacia producciones que se adapten a dichas condiciones. Numerosos índices climáticos, Huglin, Carbonneau, Winkler, Fregoni, etc. se han establecido, para tratar de clasificar las variedades en función de sus exigencias climatológicas y en todos ellos la temperatura juega un papel preponderante.

Existe una amplia bibliografía sobre los posibles efectos del cambio climático sobre el futuro de la viticultura, pero en todos los casos se señalan el aumento de la temperatura y la disminución de las lluvias o su distribución irregular, como los eventos climatológicos que más pueden influir en el desarrollo y cultivo de la vid.

Según el Protocolo Internacional para el Cambio Climático, el aumento de temperatura en España, para la segunda mitad del siglo actual puede situarse entre 2 y 6 grados centígrados, según las versiones más optimistas o pesimistas. Como consecuencia del aumento de la temperatura en una zona vitícola determinada, se acelerará el proceso de maduración de las uvas aumentando el contenido en sólidos solubles y por tanto el contenido alcohólico del vino, disminuirá la acidez total, aumentará el pH, se perderán aromas especialmente en las variedades blancas y aumentarán las diferencias entre la época de maduración de la pulpa y la maduración fenólica de hollejo y pepitas.

La previsión de disminución de lluvias, que posiblemente afectará más a la franja sur y mediterránea de la península Ibérica tendrá consecuencias, especialmente sobre los viñedos de secano y los que tengan bajas dotaciones de agua de riego. Una sequía prolongada, durante el ciclo vegetativo de la vid provocará un acortamiento del mismo y una pérdida de vigor y de cosecha, modificando la composición fisicoquímica de las bayas y exigirá una adaptación de las técnicas de cultivo a las nuevas condiciones. Si además de disminuir, las lluvias son más irregulares, pueden también provocar problemas fitosanitarios y pérdidas de cosecha.

Por tanto, ¿qué acciones se deberían acometer para luchar frente al cambio climático?

La primera solución, que algunas empresas ya están desarrollando es la de situar las nuevas plantaciones en zonas más frías, con mayor altitud, laderas con orientación norte y si es posible con agua disponible para riego.

Otra opción sería seleccionar material vegetal, patrones y variedades mejor adaptados a climas secos y cálidos y elegir sistemas de conducción más eficientes frente a la escasez de agua y si todas estas medidas, no son suficientes en la lucha contra los efectos del cambio climático, habría que plantearse la necesidad de iniciar un programa de mejora genética de la vid, con el objetivo de obtener nuevas variedades, más exigentes en calor, de ciclo largo y bien adaptadas a las posibles nuevas condiciones de cultivo, más cálidas y más secas.

Otro de los retos a los que deberá enfrentarse la viticultura a corto plazo es la lucha contra las plagas y enfermedades que afectan a la vid. Cada vez es menor el número de materias activas de plaguicidas disponibles y más restrictivo su uso, y por otro lado, el consumidor exige cada día más un producto libre de residuos y que haya sido cultivado de manera sostenible, sin la utilización de productos susceptibles de contaminar aguas y suelos o perjudicar a la fauna silvestre. Ante este reto también la mejora genética puede aportar soluciones, como es la obtención de variedades resistentes a mildiu y oídio, dos de las principales enfermedades que afectan al cultivo de la vid.

Mediante un adecuado programa de cruzamientos, se les podría introducir a las principales variedades cultivadas actualmente, los genes de resistencia a oídio y a mildiu procedentes de otras especies del género Vitis. Este es un proceso largo que puede durar más de 20 años y que podría acortarse a unos meses utilizando técnicas de transformación genética, pero la mala prensa que tienen los productos modificados genéticamente en Europa, hace hoy por hoy totalmente inviable su utilización.

Varios de los principales países productores (Francia, Alemania, Estados Unidos, Australia, etc.) han desarrollado, y continúan haciéndolo actualmente, programas de mejora a base de retrocruzamientos entre selecciones resistentes y variedades de Vitis vinifera de alta calidad. El objetivo es obtener variedades con resistencia poligénica, tanto para mildiu como para oídio, de tal manera que la resistencia adquirida sea estable y duradera en el tiempo (fig. 1).

Figura 1. Potenciar los programas de mejora a base de retrocruzamientos entre selecciones resistentes y variedades de Vitis vinifera de alta calidad es uno de los retos planteados para obtener variedades con resistencia poligénica.

La vid es una planta que presenta una gran heterozigosidad y, por tanto, cuando se realiza un cruzamiento en la descendencia obtenemos una gran diversidad de genotipos y es necesario evaluar una gran cantidad de descendientes para seleccionar plantas que reúnan los caracteres deseados.

Las nuevas técnicas de genética molecular tratan de asociar el fenotipo con el genotipo, de tal manera que se puedan establecer marcadores moleculares fiables, ligados a los genes responsables de los principales caracteres de interés agronómico o cualitativos. La selección asistida por marcadores permite aumentar la eficacia de los programas de mejora ya que se trata de técnicas rápidas y objetivas, que no se ven influenciadas por el ambiente y que se pueden utilizar en fases tempranas del desarrollo de las plantas, de modo que a partir de unas hojas de vid se puede extraer el DNA necesario para realizar estos análisis y obtener información sobre los caracteres buscados.

[03.09.13]

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