|
Con la introducción tardía de esta presión selectiva
artificial han entrado en juego lo que, para la viticultura y la enología, se
consideran mejoras adicionales. Pero la capacidad de adaptación a las
limitaciones impuestas no es fruto de un azar caprichoso. Los genotipos
resultantes de la selección se comportan como complejos sistemas programados
por sus genes para asegurar la supervivencia a través de ciclos de crecimiento
y desarrollo reproductivo.
Las condiciones ambientales
de una determinada área geográfica y la evolución en los gustos de los
consumidores, desde los primeros ensayos conscientes de transformación de la
uva y elaboración de vino, han sido los motores a la vez las herramientas que
han dirigido la selección de las variedades y los clones de Vitis, y la
distribución más o menos generalizada de los genotipos resultantes.
Mejora genética de la
especie
La única mejora genética que
se ha hecho en la vid ha sido la selección clonal, por multiplicación
vegetativa de una variedad con una nueva característica de interés. En este
proceso, que puede resultar bastante largo, se han ido incluyendo caracteres a
seleccionar, de acuerdo con el alcance de los conocimientos sobre la
morfología, la ecología, la fisiología y la genética de la vid. Así, se tiene
en cuenta el contenido de ciertos compuestos como polifenoles, antocianos,
azúcares, agua, hormonas que controlan la maduración, aminoácidos, o bien
parámetros cuantitativos como número y peso de las uvas, y también la expresión
de mecanismos de defensa frente a patógenos y plagas.
Este proceso tradicional de
cruzamiento y selección ha dado lugar a mejoras muy notables, que han permitido
a la viticultura y la enología actuales alcanzar unos niveles considerablemente
óptimos. Pero resulta difícil imaginar que se puede ir mucho más allá sin echar
mano de las herramientas más prometedoras y, a la vez, más atractivas, de que
disponemos. La aplicación, ya en el momento actual y de cara al futuro, de las
técnicas de biología molecular para el estudio y manipulación de la vid, de
acuerdo con las necesidades de la viticultura moderna, puede dar lugar a
propiedades por ahora inalcanzables, y la fijación de las nuevas propiedades
adaptativas seleccionadas se dará en períodos de tiempo muy cortos, tan sólo de
un puñado de años, si se comparan con los millones de años que han sido precisos
para fijar las propiedades seleccionadas de forma natural.
La genética al alcance de
la viticultura
En este contexto resulta
evidente que los actuales conocimientos en genética deben forzosamente llevar a
un mayor conocimiento del genoma de la vid y de la regulación génica de las
características que interesa seleccionar. Tan sólo mediante una necesaria
prospección de las características génicas de la especie se podrán aplicar las
dos estrategias de mejora genética, basadas en la creación de nuevas variedades,
o en la mejora de variedades clásicas por selección clonal e ingeniería
genética.
Pero de momento
consideraremos únicamente las aplicaciones de las técnicas moleculares a la
identificación y selección de variedades. Un ejemplo de las muchas ventajas que
proporcionan estas nuevas técnicas al alcance de la viticultura es la
utilización de marcadores
de genes de interés aplicados a programas de mejora genética, como en el caso
de la apirenia, o ausencia de semilla en la uva de mesa. Mediante un marcador
del gen responsable de este rasgo y una PCR (reacción en
cadena de la polimerasa) de cinco horas se puede determinar, a partir de un
fragmento de hoja de la plántula, si una vid será o no apirena. La alternativa
sería esperar casi cinco años a obtener los primeros frutos. Esto hace viables
proyectos como el que comparten el Centro de Investigación y Desarrollo
Agroalimentario (CIDA)
de Murcia, y el Centro Nacional de Biotecnología (CNB) de Madrid, pera la elaboración de
un mapa genético de la vid que permita la obtención de marcadores para todos
los caracteres interesantes en la mejora de la uva de mesa, como la apirenia,
el color, el sabor, la textura o la precocidad. Los marcadores obtenidos se
pueden, en teoría, aplicar a las semillas procedentes de cruces entre
variedades interesantes y seleccionar las plántulas que expresen las
características buscadas. Las ventajas resultan evidentes: será preciso hacer
un seguimiento de un número muy reducido de plantas, con el ahorro económico y
de tiempo que esto representa.
Empiezan a ser habituales los
términos isoenzimas,
RADP,
microsatélites
y AFLP
en la literatura científica que deben manejar quienes gestionan la vid; en este
dossier se intentan aclarar los que pueden resultar más confusos, en relación a
las técnicas genéticas más asequibles en la actualidad a la identificación de
variedades. Tal vez la más aplicable a la identificación de variedades con
efectos legales es la de los microsatélites, regiones de DNA no codificante
formado por secuencias cortas, repetidas un número variable de veces, cantidad
que varía en diferentes alelos, y que resulta diferenciable por PCR. Esta
técnica de tipificación de los tamaños alélicos de cada variedad tiene una muy
buena reproducibilidad. La otra gran técnica en el estudio genético de la vid a
nivel molecular es el estudio de los polimorfimos en la longitud de los
fragmentos amplificados (AFPL) por PCR, que permite visualizar de forma muy
potente diferencias genéticas, incluso entre clones de una misma variedad,
resultando muy interesante en selección clonal.
El caso español
El análisis genético es, de
acuerdo con el artículo del grupo de José Miguel Martínez Zapater (CNB, CSIC)
, una asignatura pendiente en nuestro país. Si en
países como los EUA y Australia o, dentro de Europa, Alemania, la aplicación de
la biología molecular a la viticultura está más extendida, en España
prácticamente todo lo que se hace en selección clonal es a nivel de campo.
Tenemos una gran tradición en este sentido, y hay centros de investigación,
estaciones enológicas, órganos administrativos y entidades privadas, que están
llevando a cabo una tarea muy destacable en este ámbito. Sobre la selección
clonal y sanitaria en nuestro país hablan dos de los artículos de este número,
el del grupo de Félix Cabello, del Instituto Madrileño de Investigación Agraria
y Alimentaria (IMIA)
y el de Ventura Padilla, del CIDA de Murcia.
La selección clonal y sanitaria
de la garnacha y el moscatel en Evena (estación
enológica de Navarra), de albariño en la empresa aragonesa Vitisfrut y en la Misión Biológica de Galicia, de macabeo,
xarel·lo, parellada y merlot en el Instituto Catalán de la Vid y el Vino (INCAVI), de tempranillo y
graciano en el Centro de Investigación y Desarrollo Agrario (CIDA) de La
Rioja, o de garnacha blanca en el Departamento de Agricultura, Ganadería y
Pesca de la Generalitat de Cataluña (DARP)
son ejemplos de trabajos basados en los conocimientos sobre genética
procedentes de anteriores cruzamientos y que permiten configurar mapas
genéticos de la vid.
|
Pero en los últimos años, y a
remolque de la investigación que se hace en el exterior, parece que hay gran
interés en aplicar, en mayor o menor grado, técnicas de selección moleculares.
Como ejemplo de lo que se está moviendo en el nuestro país, están los intentos
de coordinar a los expertos en viticultura para profesionalizar el sector,
optimizar recursos, mejorar los materiales, proporcionar información y
modernizar estructuras. La primera acción visible de este movimiento es la
creación de redes nacionales i/o internacionales dedicadas a esta tarea
coordinadora, o la participación española en proyectos de secuenciación del
genoma de la vid, como el que describe José Miguel Martínez
Zapater en este número.
Bancos de germoplasmas
Las colecciones vegetales que
se mantienen en estos depósitos son a la vez material de distribución y de
investigación. Los objetivos de los bancos son el establecimiento y la
conservación del género Vitis y la identificación y evaluación de sus
variedades. Las acciones concretas que realizan son la documentación del
material vegetal, la investigación ampelográfica y genética sobre la colección,
y el intercambio de información y material con entidades y centros interesados,
nacionales e internacionales, trabajando en ocasiones de forma coordinada.
Un ejemplo de esta
coordinación es la Red
Europea para la Conservación y Caracterización de los Recursos Genéticos de la
Vid. A través de esta red, y al amparo del Centro Alemán de Información y Documentación en
Agricultura, se ha creado una base de datos genética de la vid con
libre acceso que promueve la utilización de germoplasmas valiosos en programas
de cruce, y que permite la detección y descripción de variedades poco comunes o
erróneamente denominadas, a través del consenso de sus participantes.
Dos centros españoles se
encuentran entre los 19 participantes de esta red europea: el Centro de Información
y Formación Agraria Rancho
de la Merced, en Jerez de la Frontera, y el Instituto Madrileño de
Investigación Agraria y Alimentaria en la Finca El Encín, en
Alcalá de Henares. El Rancho de la Merced, con casi 1500 accesiones o
registros, lleva a cabo la preservación de los germoplasmas, además de
descripciones ampelográficas y ampelométricas de cultivares de vid, estudios
agronómicos y fenológicos sobre el rendimiento de la vid y la calidad de los mostos
y vinos. Por su parte, la finca El Encín, con más de 2500 accesiones, es el
segundo banco en importancia del ámbito europeo, detrás del INRA (Instituto Nacional de la
Investigación Agronómica) de Montpellier, de más de 7000 entradas. La
investigación en El Encín y en los grupos relacionados incluye, además de la
preservación de los germoplasmas y las descripciones ampelográficas y
evaluaciones agronómicas, la identificación de cultivares por métodos bioquímicos
y un banco de datos moleculares de las variedades depositadas.
Empresa y transferencia de
tecnología
Empresas líderes mundiales en
su campo, como E&J Gallo Wineries
o Sun World se sitúan asimismo
en la vanguardia de la investigación privada en creación de nuevas variedades y
selección de variedades existentes, ya sea para utilización en los procesos de
elaboración propios, como en el caso de la bodega californiana, o para la
comercialización de productos vegetales que hace Sun World. Nuestro país, con
gran tradición de pequeñas bodegas elaboradoras y métodos conservadores,
encuentra la herramienta necesaria para la aplicación de la investigación
puntera en el mundo de la empresa en la transferencia de tecnología procedente
de la universidad o de centros de dependientes de las administraciones central
y autonómicas. La aplicación se materializa a través de colaboraciones, de las
Oficinas Técnicas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI), de
fundaciones amparadas por las universidades o de entes como el INCAVI, en Cataluña.
¿Qué es preciso esperar?
No se pueden desatender las
necesidades del sector vitivinícola ligadas a la mejora genética. La innovación
y el desarrollo tecnológico hacen cada vez un mayor uso de los conocimientos
sobre la genética de Vitis, de cara a la aplicación de la selección
asistida por marcadores (MAS, del inglés marker-assisted selection) para
identificar y seleccionar las características de interés, desde propiedades
agronómicas hasta resistencia a plagas y enfermedades o incluso propiedades
nutricionales de los mostos y vinos resultantes de la transformación de las
uvas.
Ya es una realidad la
solución de problemas concretos de identificación de variedades y de análisis
parental gracias a los marcadores moleculares. Es fascinante descubrir la
ascendencia del cabernet sauvignon o del müller-thurgau, determinadas en los
últimos años por estos métodos.
Los cada vez más completos
mapas genómicos de la vid y el incremento del número de marcadores moleculares
conocidos harán posible combinar la gran cantidad de información génica
generada por los grupos individuales en un único mapa genómico de Vitis.
También es ya realidad el
sistema por el que la extracción del DNA de ejemplares de un programa de
cruzamiento permitirá la criba simultánea de decenas de rasgos esenciales, de
manera que la selección de campo se hará sobre una población preseleccionada.
Gracias a los conocimientos
genómicos adquiridos con los marcadores moleculares, la clonación posicional
basada en mapas de ligamiento de determinados caracteres (es decir, la
colocación estratégica de ciertos genes en determinadas posiciones respecte a
otros), abrirá nuevas puertas a la modificación y la mejora genéticas.
El escenario dibujado ya
constituye por sí mismo una razón suficiente para pensar que el futuro se halla
en esta dirección, a pesar de las resistencias a que los avances
biotecnológicos penetren en los cultivos. Pero si, con todo, queda alguna duda,
tan sólo es preciso tener en cuenta que, finalmente, pero no menos importante,
los liderajes mundiales en temas vitivinícolas están cambiando de escenario
geográfico, y los nuevos países que han tomado las riendas están convencidos de
esta necesidad, y la están desarrollando con importantes recursos económicos y
humanos.
|
|
|