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Organización Internacional de la Viña y el Vino

Siguiendo la trazabilidad
Santiago Mínguez
Jefe del Servicio de Viticultura y Enología del INCAVI
Coordinador del Grupo ad hoc «Trazabilidad y etiquetaje» de la OIV
santiago.minguez@gencat.net

La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) trabaja desde hace más de un año en la harmonización del tratamiento que debe tener el concepto de trazabilidad en los diferentes países miembros. Fruto de este interés ha sido la formación en el sí de la OIV del Grupo ad hoc llamado «Trazabilidad y etiquetaje», que ha estado preparando un primer documento elevado a los distintos países para su estudio y, en su caso, proponer las modificaciones que consideren individualmente oportunas.

Este documento (consultable en acenologia.com en formato pdf: OIV. Documento de trabajo sobre trazabilidad) se reproduce con la finalidad de informar de este primer criterio de la OIV –que se halla en estado del anteproyecto de resolución– y para que enólogos y todas aquellas personas que se consideren afectadas puedan realizar su comentario particular. Para ello, pueden ponerse en contacto y hacer llegar sugerencias al autor de este artículo, que coordina y forma parte del mencionado Grupo (santiago.minguez@gencat.net).

Con la aprobación de este documento como guía se podrán derivar una serie de guías complementarias que afectarán a los productos que se mencionan en el mismo: uva de mesa, uva para la transformación, zumos, mostos, vinos, vinagres, etc., que son competencia de la OIV.

Algunas consideraciones

En paralelo a esta propuesta, se pueden comentar diferentes aspectos que se desprenden del documento y de las diferentes normas de ámbito europeo, español y catalán (la normativa en Cataluña está informada por las leyes de Calidad Agroalimentaria, de Seguridad Alimentaria y por la Ley de Ordenación Vitivinícola):

  1. La trazabilidad es una exigencia en todos los ámbitos de la producción vitivinícola, hecho que podría comportar que a todos los agentes productivos y operadores económicos –que van desde el viticultor hasta al distribuidor– se les podría exigir, en su caso, información sobre los procesos que ha desarrollado en la cadena agroalimentaria.
  2. La trazabilidad no es más que un ejercicio de tener a punto una información de la que, en la mayoría de casos y mayoría de agentes, ya dispone, aunque sea de un modo disperso.
  3. Cada eslabón de la cadena productiva del sector está acostumbrado a disponer de unos datos (ahora exigidos en nombre de la trazabilidad) que ya están presentes en los sistemas de regulación de la actividad vitivinícola. Por ello, en muchísimos casos sólo será necesario realizar un pequeño esfuerzo de racionalización y de reagrupamiento de la información.
  4. Los procesos de producción vitivinícola no comportan los riesgos que tienen otras actividades productivas agroalimentarias (huevos, leche o conservas, ya sean animales o vegetales). En todo caso convendrá realizar en cada empresa –y para el proceso concreto que desarrolle– un análisis específico de los peligros y puntos críticos de control (los llamados APPCC) y extraer les conclusiones para el tipo de información que con más posibilidades podría serle exigida.
  5. En cualquier caso, será necesario que cada operador, desde el viticultor hasta el último operador que pueda manipular un producto vitivinícola, anote convenientemente los productos adicionales durante su proceso: desde los abonos y los tratamientos fitosanitarios hasta los productos enológicos y los materiales que están en contacto con el producto manipulado.
  6. Será necesario conservar cualquier justificante de los productos que se compran no sólo facturas y albaranes, sino también las informaciones en las que conste la composición de tales productos.
  7. Asimismo se le exigirá que en la documentación de sus ventas se haga constar el número del lote. Recopilar estos datos va a ser tarea compleja y difícil en muchos casos, pero es una información consustancial con el espíritu que ha llevado a la trazabilidad: obtener una respuesta inmediata en caso de alerta de retirada de los productos.
  8. Un hecho a tener en cuenta es que el etiquetaje del producto final está muy ligado a las pautas que es necesario mantener durante todo el proceso productivo. Cualquier información que sea motivo de comunicación al consumidor deberá estar suficientemente acreditada por los diferentes eslabones de la cadena productiva.

Aunque la trazabilidad puede suponer a primera vista una dificultad burocrática más y dado que existe sin remisión, será necesario convivir con ella y sacarle provecho: es una garantía del sector al consumidor y quizá, si se realiza adecuadamente, una herramienta de comunicación efectiva al socio comercial que puede llegar a ser el consumidor.

[28.02.05]

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