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Entrevista con Carlos de Jesús,
director
de Marketing y Comunicación de Amorim & Irmaos
«Podríamos
erradicar todo el TCA del corcho y no acabar nunca con el problema del gusto a
corcho en el mundo»
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[ACENOLOGIA] Ser el mayor productor mundial de corcho
implica preocuparse por los problemas que se derivan de lo que se conoce como
gusto a corcho y haber emprendido acciones al respecto. ¿Cómo ha vivido
Amorim
estos años de preocupación?
[De Jesús] Con atención e
inversión en I+D, y obteniendo resultados concretos que han permitido derrotar
el tricloroanisol (TCA) en nuestros productos. Establecemos una estrategia de
combate al TCA centrada en dos vectores fundamentales: medidas preventivas y
curativas. Ningún productor de corcho que utilice únicamente una de ellas podrá alcanzar el éxito en la lucha contra el TCA. El plano estratégico,
lanzado al inicio del año 2000, contempla nuevas plantas, nuevos procesos de
fabricación y de capacitación, nuevos mecanismos de control de calidad que
utilizan los más sofisticados análisis por cromatografía gaseosa. Y, por
supuesto, en la parte curativa, el sistema ROSA.
El éxito de la
combinación de ambas estrategias lo ilustra el hecho que nos hallamos ante el
menor número de reclamaciones por TCA que hemos alcanzado nunca y que nos
permite mirar nuevamente el futuro con confianza.
¿Cree que el corcho ha sido la excusa fácil
para ocultar otros defectos del vino?
Se ha convertido
ciertamente en la más fácil, y sería preciso ver por qué. Después de casi 200
años de hegemonía total del tapón de corcho, la disposición de la industria
corchera a escuchar no era la mejor. Pero, afortunadamente, empezó a analizar
las causas del TCA y de sus precursores. El resultado es que hoy podemos saber
no tal sólo qué es el TCA, sino también que hay muchos otros tipos de anisoles
que pueden o no tener su origen en el corcho. Hace unos tres o cuatro años el
proceso no estaba tan claro, pero al conocerlo ahora mejor podemos distinguir
el problema del corcho del que se genera en otros procesos que participan en la
elaboración del vino. Podríamos erradicar todo el TCA del corcho y no acabar
nunca con el problema del gusto a corcho en el mundo.
Al tapón de corcho
le han surgido varios competidores. ¿Es el tapón de rosca el que más se
interpone en su futuro?
A la industria corchera
le han emitido numerosos certificados de defunción. Los tapones de plástico lo
hicieron unos tres o cuatro años atrás; se llegó a decir que estos productos
(derivados del petróleo, no lo olvidemos) eran la gran solución. Después han
llegado los de rosca.
Hay un hecho
incuestionable: no existe la perfección en este mundo, y quien promete
perfección al enólogo (sobre todo, si la promete a un coste bajo) le hace un
flaco favor al sector. Cada tipo de tapón tiene sus problemas, defectos,
virtudes... Pero mientras la curva de problemas del corcho es descendente, la
de los tapones alternativos aumenta. Una desventaja del tapón de rosca es el
ambiente reductor que crea, que no es adecuado para el vino dentro de la
botella. Otros inconvenientes son la falta de estanqueidad, la oxidación que
puede sufrir el metal, su ductilidad (que complica los procesos de almacenaje,
logística y distribución)... problemas que el corcho no plantea y que el
enólogo debe valorar.
Ahora que ya hemos
derrotado el TCA debemos dar a conocer las fantásticas propiedades del corcho,
bajo las cuales evolucionará adecuadamente el vino. No hay un material como
éste, con su registro histórico. Cuando el consumidor piensa en grandes vinos
no puede imaginar otra cosa que un tapón de corcho.
Un aspecto, no menos importante, es la incidencia de las
explotaciones de los alcornocales (sensibles a la oferta y la demanda) en los
equilibrios ambientales de los bosques mediterráneos. ¿Es posible hablar de
sostenibilidad en la industria del corcho?
El proceso de
explotación de los alcornocales es, en sí mismo, un ejemplo de cómo crear
riqueza protegiendo el entorno, algo de lo que debemos estar muy orgullosos en
Cataluña, Portugal y otras zonas productoras. Es responsabilidad nuestra dar a
conocer al enólogo su papel en el mantenimiento del entorno y garantizarle que
no tendrá reclamaciones por TCA en sus vinos, para que lo pueda defender en los
mercados internacionales.
Por lo que respecta a la
sostenibilidad, utilizar un árbol durante 170 o 200 años tantas veces, para
obtener un producto tan noble como el corcho, sin talar el árbol, es la esencia
de la sostenibilidad. Hay pocos ejemplos más sostenibles en la industria. Es
para mí un privilegio trabajar en un sector que cumple estas premisas.
Más información: www.amorim.com
[29.11.04]
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(C)
ACE Revista de Enología
(C) de la publicación: RUBES EDITORIAL
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