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El
color y la turbidez son rasgos personalizadores de un determinado vino con una
influencia significativa en los parámetros de calidad que aplica el consumidor
a la hora de escoger el producto. La cromaticidad de un vino se mide
actualmente en el laboratorio mediante métodos espectrofotométricos. A los
valores de absorbancia obtenidos a determinadas longitudes de onda se les
aplican ciertos tratamientos algebraicos, según el método del laboratorio de la
CIE (Comission International d'Eclairage o Comisión Internacional de Iluminación)
1976, el CIE Lab 76. En el año 1996 la Oficina Internacional de la Viña y el
Vino (OIV) recomendó, después de numerosos estudios, este método con un
iluminante D 65 como el más adecuado para valorar el color del vino. Las
coordenadas cromáticas definidas por este procedimiento han sido aceptadas por
productores y expertos.
Pero estos valores
instrumentales no tienen una buena correlación a nivel sensorial. El análisis
sensorial del color de los vinos está sujeto a los condicionants personales de
los catadores y enólogos, que carecen además de un sistema para evaluar les
características cromáticas de manera fiable, y que permita la observación
normalizada de la intensidad y la tonalidad del color. Algunos expertos
consideran que el análisis sensorial se debe llevar a cabo en unas condiciones
lo más cercanas posible a las instrumentales, de manera que los resultados
obtenidos se encuentren muy cercanos a los recogidos en laboratorio y la
correlación lineal entre todos ellos sea muy elevada. Así, las condiciones
ideales deben tener en cuenta los siguientes aspectos: la temperatura de color
de la fuente de iluminación, el sistema de observación, la agudeza visual del
observador, el ambiente de la sala en la que se realiza el análisis, y
finalmente, la ergonomía del sistema de observación.
Condiciones habituales en
la observación del color
No existe ninguna fuente de
iluminación comercial equivalente a los cuatro iluminantes de referencia A, B,
C y D 65.
• El A corresponde a un
cuerpo negro que irradia a una temperatura absoluta de 2856 K, y se obtiene
mediante lámparas de filamento que emiten a esta temperatura de color; es la
iluminación habitual, con un claro predominio del rojo.
• Los iluminantes B y C
corresponden a diferentes fases de la luz diurna, con temperaturas de color de
4874 y 6774 K, respectivamente; hay una gran influencia de luz ultravioleta.
• Finalmente, el iluminante
de referencia D 65 se basa en las medidas de la luz diurna total,
correspondiente a la luz directa del Sol y la luz reflejada por el cielo en
diversos puntos geográficos; la temperatura de color de este iluminante se
encuentra entre 6000 y 7000 K, y es el que representa con más fidelidad las
condiciones normales de iluminación. En la degustación las muestras reciben todas
las radiaciones a la vez, y la radiación ultravioleta de los iluminantes D 65
usados interfiere en la observación del color.
En cuanto al sistema de
observación, el más usual en las salas de degustación y las bodegas es la
reflexión, a pesar de que se haya demostrado que este sistema tan sólo es
válido para superficies opacas, mientras que para líquidos es preciso emplear
la transparencia.
La agudeza visual es función,
entre otros factores, de la estructura de la retina, el diámetro del iris, el
contraste, y la proximidad del fondo blanco a un blanco ideal; para un análisis
correcto del color es necesario que el observador tenga una agudeza visual
máxima. El ambiente de las salas de
degustación y la ergonomía de la situación del observador respecte a la fuente
de luz y la muestra también condicionan el juicio del color.
El Enoscope
Partiendo de les anteriores
premisas, un equipo de expertos de los Laboratorios
Viader Análisis, S.L. de Sant Sadurní d'Anoia ha desarrollado un aparato
óptico que permite, de forma simple y precisa, la apreciación del color y la
transparencia del vino. Se compone de una pantalla blanca (próxima al blanco
teórico) fabricada con un polímero sólido de características ópticas.
La lámpara ha sido
especialmente diseñada para obtener el iluminante D 65 a una temperatura de
color de 6500 K; está recubierta con un sulfuro metálico que reduce la
radiación ultravioleta y permite, por tanto, evitar las interferencias debidas
a efectos de fluorescencia y transición electrónica a nivel del cristalino del
ojo, fenómenos que interfieren en la formación del color. La luminosidad de la
pantalla es de 6200 lux, valor calculado para obtener, a 40 cm de distancia, la
máxima agudeza visual sin fatigar al observador. También la inclinación de la
pantalla favorece esta situación ideal.
Finalmente, para observar la
turbidez de la muestra se
proporciona una pantalla estenopeica con una ranura que provoca el efecto
estenopeico, por el cual la luz irradiada se orienta a través de la muestra en
observación según un meridiano del sistema dióptrico ocular, y con un fondo
negro que facilita la observación de cualquier partícula en suspensión.
Conclusión
El Enoscope permite
normalizar la observación del color de los vinos, gracias a una fuente de luz
de características definidas y concordantes con todas las recomendaciones
internacionales. Además, representa una aproximación entre el análisis
instrumental y el sensorial, paso necesario para estandarizar las condiciones
de observación. Para conseguirlo es preciso seleccionar y entrenar a los
observadores, evaluar periódicamente su actuación, controlar las condiciones
ambientales y utilizar sistemas unificadores como el descrito. Así podremos
obtener una imagen del vino muy próxima a la realidad.
Más información sobre el Enoscope.
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