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La producción enológica francesa muestra claros
síntomas de recesión. No es ningún secreto que la incorporación al mercado
mundial de países, cuyo éxito es una combinación de vino, inversión y
márketing, ha hecho mucho daño a un país que hasta hace bien poco creía no
tener competencia en sus vinos.
Los cambios políticos que ha habido en Francia
en los últimos meses han motivado un replanteamiento de un debate que viene de lejos.
Las primeras declaraciones del nuevo ministro de Agricultura francés, Hervé
Gaymard, a finales de mayo, ya apuntaban a que era necesario mantener
posiciones comunes de fortaleza en el ámbito de la Unión Europea (PAC, OCM,
etc.), y anunciaba la necesidad de cambios en algunos sectores de la agricultura
francesa, mencionando específicamente el de la viticultura, entre otros.
Por si el nuevo ministro tiene alguna duda,
este mes de julio, el alto funcionario de su cartera, Jacques Berthomeau, ha
presentado al Ministerio un informe devastador de la situación del mercado de
los vinos franceses, adaptación del que ya presentó hace un año al Gobierno de
Lionel Jospin.
Además de describir el problema, el autor aporta posibles
soluciones según una «estrategia vitivinícola» basada en la remodelación del
sistema de denominaciones de origen. El ministro Gaymard ha tomado buena nota
de ello y ha prometido cambios hacia el mes de noviembre.
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