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Vino y cánnabis: ¿quién teme al nuevo cultivo?
Redacción

La legalización del cánnabis en California el pasado noviembre (tras la votación que aprobó la conocida como Proposición 64) ha removido no solo el debate ético y legal sobre el uso de esta sustancia con fines terapéuticos o no, sino también el papel de un sector “en crecimiento” en uno de los estados más fuertes y decisivos de la economía estadounidense. En este contexto, la industria del vino reflexiona sobre este “cambio de escenario” y se plantea si los nuevos cultivos van a ser amigos o adversarios.

 

California es tierra de vinos. Casi cinco millones de personas al año visitan el valle de Napa, el segundo destino turístico más popular de California, tras Disneyland. Las 1200 bodegas que actualmente allí se asientan mueven la economía de la región y sus vinos representan casi el 90% de toda la producción de vino estadounidense. Por superficie y producción, California sería el cuarto mayor productor de vino del mundo.

¿Van a permitir un retroceso? Con estas cifras, ¿quién puede temer a la nueva industria? ¿Qué puede ocurrir con el sí a la Proposición 64? Transcurrido menos de un año desde la legalización de la marihuana, se ha celebrado un simposio, una jornada de estudio e intercambio de ideas, acerca de los puntos en común de la (vieja, en el Nuevo Mundo) industria vitivinícola con la (novedosa) industria cannábica. 

¿Quién puede temer a la nueva industria?

Estamos hablando de, potencialmente, millones de dólares para las arcas del Estado en concepto de impuestos –pues estas actividades comerciales han quedado reguladas por las autoridades con un impuesto del 15% y un cargo adicional de 9,25 dólares por onza (unos 30 g)– y de una estimación que el negocio del cánnabis puede generar 7600 millones de dólares al año en ventas directas a consumidores hasta 2020 (sin contar con otras vías indirectas de ingresos como camisetas o souvenirs). Pero también de un cambio y repercusiones en los cultivos, en los usos del agua, en el mercado laboral, en el turismo… en definitiva, en la economía de una zona sostenida ampliamente por las actividades vitivinícolas.

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Wine&Weed Symposium: Exploring the Opportunities & Issues that the Legalization of Cannabis Presents to the California Wine Industry ha tenido lugar el 3 de agosto de 2017 en Santa Rosa, California, con plazas agotadas y una enorme expectación. Organizado por WIN (Wine Industry Network), que se autodefine como “un recurso empresarial para la industria del vino”, el evento reunió a profesionales de la industria del vino (en un 50%, según una encuesta que se realizó a los asistentes), la industria del cánnabis (28%) y de ambos sectores compartiendo negocio (18%). Pero una rápida ojeada a la página de patrocinadores y expositores da una idea del interés "comercial" de la jornada.

Bajo el paraguas de la colaboración mutua, el simposio –que se ha presentado en clave de oportunidades más que de amenazas– anunciaba que ponentes profesionales de la industria vitivinícola compartirían sus historias sobre “cómo evolucionaron sus carreras para incluir el cánnabis” y remataba con un marquetinero “aprenda lo que los atrajo, lo que han experimentado y las similitudes que ambas industrias comparten”. No son pocas las voces que se han alzado contra esos supuestos beneficios de los vinícolas frente a los cannábicos.

 

«El cánnabis tiene mucho más que ganar al asociarse con el vino bien regulado y bien aceptado, que el vino al asociarse con el cánnabis.»


 
“La reputación del vino no se verá realzada por estar de alguna manera asociada con el cánnabis. (…) El cánnabis tiene mucho más que ganar al asociarse con el vino bien regulado y bien aceptado, que el vino al asociarse con el cánnabis” afirma Tom Wark, conocido consultor de vinos californiano, autor del blog Fermentation, tribuna desde la que viene defendiendo los intereses de los consumidores y de pequeñas y medianas empresas vinícolas en cuestiones de política, comercialización y cultura del vino desde hace casi dos décadas.

Podríamos afirmar que las tesis de Wark se basan en el sentido común y son la respuesta a unos simples interrogantes. La uva y el cánnabis se cosechan en la misma época del año: qué va ocurrir con el mercado laboral, con unas condiciones de trabajo ya muy ajustadas, teniendo que asegurar la recogida simultánea, etc.; cómo se va a supervisar y regular el uso de plaguicidas que, en el caso del cánnabis, es mucho más estricto que el de la uva. Por otra parte, el sector vitivinícola está claramente organizado y regularizado y es fácil que el sector del cánnabis quiera “aprender” cómo regularizarse mirándose en el espejo, por ejemplo, de las AVA (las American Viticultural Area, regiones de producción de uvas para vino en Estados Unidos, reconocidas por la Oficina de Comercio de Alcohol y Tabaco), que están protegidas en la legislación federal y pueden aparecer en las etiquetas de los vinos designados como lugares de origen.  ¿Qué gana el vino en las supuestas sinergias?

«La mitad de los millennials serían muy propensos a pasarse al cánnabis sobre el alcohol.»  
 

Hace ya unos meses, Wark hacía pública su preocupación por el impacto que el acceso fácil a la droga blanda podría tener sobre las ventas de vino. Tomar un chardonnay es un pequeño placer, con un coste de unos 15 o 20 dólares la botella. ¿Qué ocurre con un porro de marihuana? Es más barato, no contiene calorías, más ligero, sin resaca, sin botellas para reciclar… Para Wark, es inevitable pensar que la hierba terminará ganando terreno al vino. Algunos estudios parecen indicar que la mitad de los millennials serían muy propensos a pasarse al cánnabis sobre el alcohol,  pero que también el 20% de generación X podría estar tentado a hacer lo mismo.

El Nuevo Mundo advierte al Viejo; todos debemos estar atentos. En Europa tenemos clubs cannábicos, reducto por el momento de los defensores de los fines medicinales de la marihuana; tenemos ya algunos intentos de hacer vino enriquecido con CBD, cannabinoides herbarios o fitocannabinoides sintetizados naturalmente por la planta de cánnabis, en lo que parece la regla del 5 (50% uva garnacha, 50% uva cariñena, 50 mg de extracto de CBD, en botella de 500 ml).

Industria, consumidores, legislación y seguridad alimentarias, entre otros, están implicados en el avance y las nuevas perspectivas del cánnabis en relación con el vino.

¿Cuánto falta para que los enólogos incluyan el cáñamo en sus notas de cata?






[30.8.17]

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