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Viñas bajo investigación
Jaume Estruch
En 1978, la American Society of Enology and Viticulture ya decidió que incentivar la investigación científica era una prioridad, si la enología americana quería llegar a mirar cara a cara a la europea. Para conseguirlo creó una entidad, la American Vineyard Foundation (AVF), cuya misión era recaudar fondos para iniciar un programa propio de investigación; pero no se trataba de iniciar cualquier investigación. Cada dos años, la AVF envía un cuestionario a los viticultores y elaboradores para sondearles acerca de sus prioridades y a qué problemas técnicos se enfrenten en el desarrollo de su labor profesional. Además, una vez cumplimentadas las encuestas, hay que calificar las propias opiniones, de modo que, finalmente, se puedan ordenar las urgencias y las preocupaciones. Todo ello se publica en un informe que servirá de referencia para encargar trabajos a universidades y centros de investigación, así como para calificar las propuestas que los investigadores de todo el mundo les hacen, con la vista puesta en las subvenciones que la fundación otorga. Pero la política de investigación que genera la AVF no va por libre: se coordina de manera eficaz con los esfuerzos de las universidades (especialmente las de Davis y Fresno) y del Departamento Federal de Agricultura.

En el web de la AVF se pueden consultar los cuestionarios, las prioridades científicas identificadas para el bienio 2001-2002 y las investigaciones realizadas (que no tienen por qué circunscribirse al ámbito de la aplicación inmediata, sino que también pueden tener carácter general y básico). La prestigiosa revista Practical Winery, especializada en tecnología enológica se encarga de publicar los trabajos para que se difundan adecuadamente en el ámbito vitivinícola. En el número de mayo–junio se publica una extensa entrevista-reportaje con el director ejecutivo de la Fundación.

La dotación económica de la AVF se basa en las aportaciones, a fondo perdido, de sus asociados. La transparencia de tales donaciones queda reflejada en las listas, consultables en el recurso digital de la Fundación, que desprenden ese espíritu de orgullo, competititivad y convicción en la investigación de la sociedad norteamericana. Y no son cantidades poco significativas, es fácil calcular que los diez primeros contribuyentes suman la cifra de medio millón de dólares.

Una entidad como la AVF surgida, repetimos, a finales de la década de los setenta, con una gran influencia sobre la unificación de criterios y esfuerzos en el sector, presagiaba la voluntad de liderazgo de los mercados por parte de la vitivinicultura americana, mucho antes de que se explicitase en el programa AVERN (The American Viticulture and Enology Research Network). Un presagio que no se supo identificar en aquel momento (ni posteriormente). La ceguera de los países productores tradicionales hizo que los más atrevidos dijeran (algunos aún lo dicen), que «de California no tenemos nada que aprender». La escenificación se hizo desde la OIV, la cual ha mantenido en estas últimas dos décadas su actitud de mutismo, secretismo y una cierta intransigencia hacia cualquier propuesta «foránea» a una supuesta elite del mundo del vino.

A la vista del panorama de la investigación científica europea, y en especial de la euromediterránea, quizá podríamos ir a California a aprender política científica en general, y política de investigación del sector elaborador vitivinícola. Y también comunicación, comunicación científica. Los presupuestos en investigación de las empresas elaboradoras de los países europeos, así como sus previsiones en actuación científica, siguen siendo un secreto de sumario. Intentar saber las líneas prioritarias de investigación de la Unión Europea para los próximos años es un ejercicio de criptografía. Pero hay signos más que preocupantes para la ciencia; la intolerancia declarada por Europa a investigar con los organismos modificados genéticamente y, por contra, la tolerancia con fenómenos como la biodinámica, o la focalización de los escasos recursos en descubrir nuevas propiedades terapéuticas del vino, presagian que se acercan tiempos turbios en las bodegas del «viejo continente».
[28.05.03]
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