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El vino es un producto de naturaleza poliédrica. Hace
tiempo que voló de la estantería de artículos de primera necesidad a los
escaparates de los alimentos culturales. Tras décadas de malvivir de la
antropología, escaló fama como producto salutífero a lomos de la paradoja
francesa. Y ahora, mientras los especialistas se preguntan sobre la complejidad
sensorial del vino y sus efectos en la condición humana, algunos expertos en
negocios han lanzado el vino como elemento definitorio del lujo.
MFK Wine Business Advisors, una
compañía californiana de consultoría, da por sentado que el vino es un artículo
de lujo y plantea en su web qué es exactamente el lujo. El consumidor demanda
cada vez más un «toque de lujo» en todo
lo que adquiere, una actitud contrapuesta al culto del utilitarismo que el
mundo occidental ha vivido estas dos últimas décadas. Esta socialización del
lujo, entendida como un reflejo de exclusivismo, de cansancio ante el camino de
las ofertas y la maximización de la cantidad (pague 2 y llévese 3 sería la
antinomia del lujo), parece que tendrá su punto de inflexión este 2004, por lo
que MKF nos ofrece una guía de navegación para elaboradores inquietos en forma
de decálogo: el
Top Ten
de las estrategias financieras para el año 2004. Está claro que los valores
añadidos del vino no dejan de crecer. Va perdiendo la condición popular a la
vez que gana la atención de inversores, economistas y nuevas clases sociales.
Todo un reto que no debe hacer perder los nervios al sector.
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[28.04.04]
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