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El
tema no es trivial, ya que los expertos prevén que en las próximas décadas, los
transgénicos serán habituales en nuestra vida cuotidiana. Quizá por eso, un
organismo como el
Centro
Nacional de Información y Comunicación Educativa (CNICE) que depende
del Ministerio de Educación y Ciencia, nos proporciona un informe muy
pedagógico sobre los organismos modificados genéticamente (OMG), que es la
denominación correcta de los «transgénicos».
Una
vez claros algunos conceptos, podemos preguntarnos cómo está el tema de los
transgénicos en el mundo de la enología. Más allá del rumor que, en los
armarios (congeladores) de todos los grupos de investigación, quién más quién
menos, tiene un transgénico esperando el momento que se de luz verde a una
supuesta liberalización, la realidad parece menos intensa. Sería una agradable
sorpresa descubrir que este país es una potencia mundial encubierta en
modificación genética de organismos. Una foto (oficial) del panorama es la que
muestra la Comisión Nacional
de Bioseguridad, el organismo que, como ahora ya sabemos, se encarga de
autorizar investigaciones y trabajos con OMG, y que depende del Ministerio de
Medio Ambiente. Si miramos las listas de autorizaciones que este organismo ha
firmado, veremos que no se encuentra el género Vitis en ningún sitio,
pero sí el Saccharomyces, con un par de autorizaciones concedidas al
Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA, CSIC). Oficialmente,
las viñas modificadas genéticamente en nuestra zona están todavía lejos, y las
modificaciones del proceso de fermentación, mediante una futura levadura llena
de expectativas, no parece que vayan más deprisa.
Es
cierto que una de las preguntas es: ¿por qué queremos OMG en la enología? ¿Para
evitarnos problemas durante el proceso de elaboración (desde las plagas de la
viña a la clarificación de botellas)? ¿Para ofrecer al consumidor nuevos
productos? Probablemente esta es una pregunta que será necesario formular
explícitamente si queremos respuestas claras, y que pueden marcar la diferencia
entre modelos de crecimiento vitivinícola, basado en la producción o en la
calidad y la personalización.
Sobre
lo que sí tenemos respuestas, y contundentes, es sobre qué impide que los
transgénicos entren como una alud en nuestra vida. La respuesta es un auténtico
entramado de leyes, agencias, organismos y entidades (públicas y privadas,
nacionales e internacionales) que desembocan en un concepto que nos atemoriza y
nos fascina: «seguridad alimentaria». Para hacernos una idea de lo que hay
detrás (y delante) de la seguridad alimentaria sólo se tiene que consultar el
nuevo portal que el Ministerio
de Sanidad y Consumo pone a nuestro alcance, un sitio donde hay
navegación asegurada durante semanas. En cualquier caso, el apartado dedicado a
OMG, que es el que nos ocupa, completa convenientemente la información que
necesitábamos. Ahora, con la información al alcance, ya podemos sumergirnos de
manera activa en el debate y dejar de ser simples espectadores desinformados.
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[26.05.04]
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