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La viticultura de altura y el XXI Congreso
Josep A. Llaquet
Ya estamos en el segundo trimestre del año, ¡cómo pasa el tiempo! Hemos celebrado nuestro XXI Congreso en Cellers, en el que han asistido ponentes tanto de España como de Italia y Argentina, y hemos podido disfrutar de las maravillas de la comarca leridana del Pallars Jussà, realizando visitas enriquecedoras tanto lúdicas como técnicas.

Estábamos convencidos de que no es lo mismo cultivar viñas a 2000 metros sobre el nivel del mar en Argentina o México, que en California o Francia. En los dos primeros países mencionados, sin el factor refrescante de la altura es difícil que el clima cálido y seco les permita elaborar vinos con estructura y potencial aromático. Existen zonas en el hemisferio norte donde se pueden elaborar vinos que se han recogido de viñas cuya altura se corresponde con el nivel del mar, y para poder elaborar estos vinos, mientras descendemos de latitud, debemos ir incrementado la altura.

La crítica de vinos, Jancis Robinson, escribe que «... la altura de una viña sobre el nivel del mar puede tener efectos importantes sobre el clima que le rodea y, por lo tanto, sobre su potencial. Manteniendo el resto de factores inalterables, la temperatura desciende cerca de 0,6ºC por cada 100 metros de incremento de altura».

Este Congreso nos ha dado una idea de la importancia del microclima en la viticultura de altura. En él se han expuesto interesantes proyectos de recuperación de variedades que estaban apunto de desaparecer y que implican la recuperación de poblaciones rurales que se llenan de vida nuevamente. (Podéis ver amplio resumen en la crónica y en los artículos del dossier monográfico del trimestre.)

Nos han hablado de la viticultura heroica, defendida con heroicidad y pasión. Nos han animado a que seamos capaces de «vender» nuestro vino y nuestras viñas, en definitiva, de vender nuestro proyecto con el fin de que sea una experiencia única para el consumidor. Y todo ello ha tenido lugar en un ambiente sano; hemos podido disfrutar de parajes maravillosos y comprobar que el aire y el agua a estas alturas son más puros y seguramente menos contaminantes que en otras zonas vitivinícolas. A muchos de nosotros nos gustaría que nuestros hijos pudieran crecer en un ambiente de estas características, y que seguramente también influiría en la viña y el vino que se obtenga.

Quiero agradecer a todos los participantes y colaboradores de este Congreso el compromiso demostrado hacia la Asociación.


[31.05.10]
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