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TRIBUNA  
No bajemos la guardia
Josep A. Llaquet

Me gusta mi profesión, me gusta mucho elaborar vino. Cuidar los viñedos, mimar las cepas, seguir la maduración de las uvas, vendimiar, entra la uva en bodega y elaborar vino. Una vez hecho el vino, ver cómo evoluciona, cómo va ganando con el tiempo... Todo ello nos permite disfrutar de nuestros sentidos: la vista, con los maravillosos paisajes que nos rodean, los colores del vino, etc. El gusto, cuando catamos, maridamos, etc. El tacto de los materiales empleados en la elaboración, las uvas, las copas de cata, etc. El olor a tierra húmeda, de las bodegas, de la fermentación, etc. El oído, los ruidos del campo, en bodega, de la fermentación, de las botellas de cava cuando explotan, cuando las desgorjamos y tantos otros sonidos característicos de nuestra profesión.

¡Qué afortunados somos los enólogos disfrutando de nuestra profesión como pocos, año tras año! Realmente debemos ser agradecidos y reconocer que tenemos pasión por el vino.

Quizá por ello los enólogos hacemos nuestro trabajo, lo disfrutamos, y como tenemos mucho, no salimos demasiado a la luz pública: nuestra tarea es de puertas adentro de la bodega o en las viñas. Pero cada vez debemos esforzarnos más por estar presentes en la arena pública y defender nuestros productos en este mercado cada vez más competitivo. Nadie como nosotros mismos puede defender nuestro vino ni explicar mejor el proceso de elaboración.

Además del trabajo comercial o de promoción, hay otra tarea que también habrá que tener en cuenta: la defensa del vino y el viñedo, como profesionales implicados en el sector. Me preocupa y debe preocuparnos a todos que el vino caiga en un demérito cultural y acabe convirtiéndose con el tiempo en un proscrito de nuestra cultura. El vino y la viña siempre han estado entre nosotros, con un valor muy importante como factor de identidad, de imagen de nuestro territorio y lógicamente fundamental para el enoturismo y para una vida digna de quienes nos dedicamos a esto. Y, personalmente, deseo además que los hijos de mis hijos sigan disfrutando de este mundo y este entorno.

Por este motivo nos hemos unido al programa europeo Wine Moderation, para defender el consumo moderado del vino, tal como siempre lo hemos entendido. Pero no podemos bajar la guardia. Por ejemplo, en la actualidad, el vino ha sido eliminado en la nueva pirámide de la dieta mediterránea. La razón es que la pirámide necesitaba «un ajuste de usos», según la propia Fundación Dieta Mediterránea (FDM), debido a que hay países que tienen prohibido su consumo por causas religiosas. Otro ejemplo lo hallamos en un artículo de un periódico que trataba sobre los problemas de los menús económicos, en el que se hacía el siguiente comentario: «... Atención a los fritos... antes precios bajos, cuanto menos aceite se necesite tanto mejor. Lo mismo ocurre con el vino del menú, elemento casi siempre prescindible». ¿Por qué prescindible? En Estados Unidos han establecido que la pizza es un vegetal… no hay nada como una muy buena inversión de dólares para hacer los estudios que sean necesarios y demostrar que la pizza es un vegetal, de manera que no sea prohibida de los menús escolares. Esperemos que las etiquetas de vino no acaben pareciéndose a los paquetes de tabaco, porque hay organismos que ya lo están intentando.

Estemos atentos y defendamos lo que es nuestra cultura, tradiciones, profesión y paisajes. No nos relajemos, pues es una tarea que nos toca hacer a cada uno de nosotros en nuestro entorno.


[21.12.11]

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