ACE
Patrocinadores:
AEB
ACE Revista de Enología
Asociación Catalana de Enólogos
  Portada revista Biblioteca Buscar en ACE Archivo Web anterior Navegador Enológico Suscribirse a ACE Enviar E-mail |Portada|Biblioteca|Búsqueda|Archivo|Navegador|Suscripción|Correo|


TRIBUNA ACE OTRAS TRIBUNAS      
Carta abierta al sector vitivinícola catalán

Desde finales del verano varias iniciativas han tenido lugar con el fin de reunir en pleno al sector vitivinícola catalán. Y me consta que también han sucedido en el marco español. En Cataluña, la necesidad era evidente debido a la preocupación acerca de la caída del consumo y de la imagen del vino, entre otros aspectos. Desde la Asociación Catalana de Enólogos hemos promovido y colaborado activamente en estas iniciativas porque creemos que disponemos de una posición de privilegio. Además, siempre lo hemos hecho defendiendo la profesionalidad y la gestión integral del problema: la caída del consumo no es más que un reflejo de la falta de estructuración de un sector que ya no puede vivir con la misma inercia de los años ochenta o noventa. Las medidas tomadas hasta el momento son aisladas y resultarán estériles. Tiempo al tiempo. Así lo hemos hecho saber, especialmente en la reunión con el Institut Català de la Vinya i el Vi (INCAVI) del pasado 30 de octubre. Nos reunimos empresarios del vino, restauradores, consumidores, enólogos, Consejería de Agricultura, de Interior, etc. sólo faltaba la de Sanidad. Mucha gente (¿quizá demasiada?) alrededor de una mesa que, eso sí, tenía mucho sentido. Esperemos que la continuación sea aún más provechosa y sobre todo que se concrete.

Defendemos la profesionalidad desde la vid y hasta el final: la comercialización y la promoción. De un lado es cierto que ninguna uva puede dar grandes vinos a una Denominación de Origen si la media de propiedad no llega a alcanzar una hectárea: ¿qué «agricultor de fin de semana» puede garantizar la calidad exigida por las bodegas? Aunque la media fuese de dos o de cinco, no sería posible; quien dispone de menos de cinco hectáreas no puede vivir de la tierra y no es un profesional. Pero no es menos cierto que una bodega no puede especular con la compra de la uva con la intención de provocar precios más bajos de su materia prima: es una espiral peligrosamente contraproducente.

Tampoco puede ser que las bodegas no deleguen el diseño de sus vinos a los enólogos y sí, en cambio, a una receta anclada en el pasado. Igualmente, es muy poco profesional vender pensando que la gracia o la actitud de un comercial resolverá los problemas económicos de una bodega: colocar dos palets de vino en un momento dado no resuelve los problemas de fondo. Ni siquiera repartir abridores o hacer promociones «2x1» lo resolvería a largo plazo.

Piensen, sin embargo, que es igualmente poco profesional defender que la Administración con sus subvenciones nos lo solucionará: ¿alguien conoce un sector no estratégico que sea puntero en el mundo y esté basado en las subvenciones? Las subvenciones a fondo perdido sólo conducen al dirigismo y el dirigismo de la Administración en el sector del vino no producirá vinos mejores ni mayores ventas. De otro lado, también la Administración debe entender que para elaborar vino es necesaria una gran dedicación y el creciente volumen de papeleo no ayuda a centrarse en los problemas técnicos.

¿Y qué podríamos hacer para encontrar soluciones al consumo de vino y a su encaje en la sociedad del siglo XXI? Sinceramente no tenemos la solución... pero sí la voluntad de encontrarla y eso tiene que contar.

La palabra clave probablemente sea educación y así lo reclaman muchas voces a pesar de que aplicar este concepto hoy en día sea complicado. Hace 30 años, aproximadamente, la educación en el consumo de vino entraba en las vidas de las persona de una manera natural: los padres bebían vino y a medida que los hijos se hacían mayores empezaban a tomarlo ellos también. Hoy en día es imposible porque ni los padres beben demasiado ni las familias se sientan muy a menudo alrededor de una mesa en una comida cotidiana. La sociedad actual intenta traspasar de padres a maestros la responsabilidad en la educación de los hijos y, respecto al vino, ya se sabe que en una escuela no existe tal educación. Pero, ¿y hablar sobre ello? ¿En las escuelas se aprende nuestra cultura? Pues el vino forma parte de la misma...

Si FIVIN y sus estudios médicos variados nos exponen los beneficios de dos copas de vino, ¿por qué la Administración no lo promueve? La Administración es impulsora del bien común, ¿o no? Quizás sería mejor destinar los recursos a aquello antes que a subvencionar empresas particulares con problemas estructurales o de adaptación a los mercados.

Puede que nos perdamos al intentar buscar soluciones «originales» y, en cambio, la solución debería ser simple: el consumo de vino se ha efectuado durante siglos de una manera natural porque no había nada más. Actualmente, si bien es verdad que el vino debe luchar con la competencia de otras bebidas, incluida el agua, deberíamos intentar llegar al fenómeno que se observa, por ejemplo, en el mundo de la telefonía: los teléfonos hacen muchas cosas y las compañías ofrecen una larga lista de servicios, aunque la mayoría de gente utilice el teléfono para su uso tradicional: llamar y comunicarse. A la mesa, para comer o para cenar, se bebe vino y agua. Y eso es lo natural.

Pero ya sabemos que hoy por hoy la vida es más complicada y a la naturalidad de beber vino y agua se le añaden los automóviles, la movilidad de la gente, los jóvenes y sus preferencias, la policía y tantas otras cosas. ¿No será que tantas variables simultáneas no se conocen lo suficientemente bien y se nos confunden las cosas, las culpabilidades, las prohibiciones? De los muertos en carretera provocados por el consumo de alcohol, ¿cuántos son debidos al vino? Del mismo modo que la fórmula del cálculo del IPC puede reorientar la vida económica del país, ¿por qué no buscamos una fórmula donde las variables actuales reorienten las políticas del sector del vino? Eso sí, si dejamos que intereses particulares interfieran, estas iniciativas, como tantas otras, acabaran archivadas. También es requisito imprescindible en el planteamiento de los problemas una profesionalidad acentuada.

Alguien apuntaba que no se pueden hacer distinciones entre un alcohol y otro... ¡nosotros creemos que sí! Está muy de moda defender las identidades propias y diferenciales, la defensa de los derechos y las costumbres particulares de un pueblo o de una cultura. Pues señoras y señores, el vino es parte de esa cultura diferencial. ¿Podemos decir lo mismo de otros alcoholes?

Oriol Guevara
oguevara@iglop.com
Presidente de la Asociación Catalana de Enólogos

  [30.11.06]
arriba
|Portada|Biblioteca|Búsqueda|Archivo|Navegador|Suscripción|Correo| 
(C) ACE Revista de Enología
(C) de la publicación: RUBES EDITORIAL