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El cambio de modelo productivo: profesionalidad ante todo

No cabe duda de que la preocupación principal de la sociedad hoy por hoy es la crisis económica internacional. Nos afecta a todos directamente aunque sólo sea después de haber oído hablar de ella hasta la saciedad y quedar asustados o sumidos en la psicosis colectiva. La crisis existe y en el caso del vino no hace falta más que hablar con aquellos que venden vino para darse cuenta definitivamente.

Dicen que la crisis será grave aunque los gobiernos también aseguran que la posición socioeconómica que España ha conseguido en los últimos años hará que probablemente no sea una crisis tan cruel como la de los años noventa. Dicen también en tertulias, debates, medios de comunicación y otras fuentes con más responsabilidad que la clave para la solución va a ser el cambio de modelo de producción: olvidarse de la especulación y de buscar la inmediatez para volver al modelo productivo de toda la vida, el modelo del esfuerzo, corregido y mejorado por la investigación, la innovación y la formación.

A finales del pasado mes de octubre, Unió de Pagesos denunciaba públicamente que durante la última campaña de vendimia los viticultores del Penedés han disminuido sus ganancias en un 25 % debido fundamentalmente a tres factores: una ligera bajada del precio de la uva; el descenso de la producción estimada en un 10 % y, finalmente, al aumento de los costes de producción puesto que hubo que combatir las plagas de la vid en primavera y en verano. Todo ello agravado por las estrictas inspecciones de trabajo con helicópteros incluidos. Y la primera pregunta que se me ocurre es ¿cuánto tiempo más puede durar esto si año tras año la situación del viticultor empeora? La respuesta vino de la propia Unió de Pagesos durante su comparecencia pública: muchos viticultores se dedican hoy por hoy a sus explotaciones sólo a tiempo parcial y por lo tanto no les resulta tan imprescindible ganarse la vida en el campo.

Por mucho que esas consecuencias y medidas reguladoras y/o punitivas u otras como la del Consejo Regulador del Cava de aumentar el rendimiento máximo por hectárea parezcan efectivas para gestionar los problemas actuales del sector vitivinícola (mantener los precios finales del vino), creo que tenemos que pensar mucho mejor en lo que se deriva de ello: si el viticultor no ejerce con dedicación completa porque no le resulta rentable, no vamos a tener la mejor uva posible y los elaboradores de vino tampoco van a tener el mejor vino posible, así que finalmente no conseguiremos valorizar la botella en su justa medida ya que dependeremos de cosas tan etéreas y globalizadas como el prestigio, la imagen de marca, la fuerza comercial, las estrategias de marketing, etc. y en cambio dejamos a un lado la única cosa intrínseca a la botella: su calidad. Lejos de desconsiderar todos esos otros elementos, todo lo contrario, si no prestamos atención a la calidad de la uva y no la mejoramos, tampoco podremos fundamentar nuestro sector en un elemento tangible como el propio producto que ponemos en la botella; tendrá que sostenerse en aquellas herramientas que no nos diferencian de nadie en el mundo ya que todos las poseen.

En uno de los últimos Debatdevi (www.debatdevi.com), precisamente el que se dedicó a la calidad, se dijo curiosamente muchas veces que la calidad ya estaba ahí y que debíamos dedicarnos a la promoción. Si no se intenta mejorar la calidad, desafortunadamente ésta tiende a empeorar y para entonces, ¿qué vamos a promocionar?

La única forma de mejorar la calidad de la uva es con la dedicación y la profesionalidad. No dejando el cuidado de la viña para algunos fines de semana. Todos somos conscientes de este ciclo perverso: si no se mejoran las retribuciones de la uva no puede haber mayor dedicación a la viña y si no hay más valorización de los vinos a escala internacional, tampoco se puede pagar mejor la uva. Si encima lo mezclamos todo con la crisis actual, ahora más que nunca es cuando necesitamos la profesionalidad y a los profesionales aplicando la cultura del esfuerzo que algunos publicitan hoy aunque tan bien conocen nuestros antepasados del siglo XX, sin ir más lejos. La cultura especulativa, la de buscar grandes resultados inmediatos o la de pedir que alguien nos arregle los problemas «porque lo merecemos» no nos llevará a través del siglo XXI en condiciones. Por mucho que lo merezcamos.

Para superar una crisis como esta hay que tomar conciencia, trabajar con ahínco, con rigor y con profesionalidad en todos los ámbitos. Que el vino quede en manos de los enólogos es lo que a mí me toca reclamar: si sólo se queda en las manos del marketing, la promoción, la comercialización u otros, la calidad de los vinos y los propios profesionales (viña y bodega) van a quedar resentidos o frustrados. Para empezar hace falta esfuerzo pero también investigación, innovación y no nos vendría nada mal algo de osadía. No podemos quedarnos llorando en el hombro de nadie.

¿Quién va a ejercer el liderazgo de tal proceso? Sin duda no serán los que trabajen la viña sólo algún que otro fin de semana, ni los que se acojan a la nueva OCM para arrancar su viña, ni los que no tengan inquietud para buscar nuevos métodos, nuevas técnicas, nuevas cualidades, más calidad… La respuesta en unos años.

Oriol Guevara
oguevara@iglop.com
Presidente de la Asociación Catalana de Enólogos

  [03.12.08]
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