En mayo de 2026 se celebró la nueva edición del simposio Vine to Mind, que ya anunciamos en una noticia anterior.

Además de un bonito juego de palabras (y por ello intraducible) el encuentro va más allá de (man)tener “la vid en mente” y abraza el lema “descifrando el futuro del vino con ciencia de datos e IA” que ya es una potente declaración de intenciones. Otro aspecto muy destacable del simposio es el gran nivel, el prestigio y la diversidad de intereses, conocimientos y procedencias de los ponentes.

A riesgo de simplificar en exceso un simposio cuyas ponencias vale la pena saborear con calma, conviene destacar dos líneas principales en las que se centraron las discusiones:

La dificultad para evaluar la calidad latente del vino

Según Philippe Masset, profesor asociado en EHL Hospitality School, “El vino es un bien experiencial por excelencia: su calidad es incierta antes de consumirlo y sigue siendo difícil de evaluar incluso después de la cata”. A falta de mejores datos consolidados, el valor que se le otorga a un vino depende en gran medida de las evaluaciones de expertos, jurados y plataformas de usuarios, cada vez más numerosas. “Estas evaluaciones desempeñan un papel fundamental en la configuración de la demanda y los precios. Sin embargo, su fiabilidad como indicadores de la calidad subyacente sigue siendo una incógnita.”

Todo ello comporta un desafío a la hora de extraer información relevante de las evaluaciones, y es desde la perspectiva de la IA que hay importantes oportunidades, pero también limitaciones: el aprendizaje automático puede escalar el análisis de datos de la cata multidimensional, pero aprendiendo de evaluaciones existentes, con lo que se heredan los sesgos, así que “si introduces porquería, obtendrás porquería”.

Una aportación interesante a esta línea de discusión fue la de la Dra. Ha Nguyen de UC Davis, que ya presentamos en Acenología, destacando la complejidad de la percepción humana como instrumento de avaluación del vino, las diferencias individuales que influyen en la experiencia percibida y las preferencias del consumidor. La Dra. Ha Nguyen destacó cómo las metodologías sensoriales, el diseño experiencial y la ciencia de datos contribuirán a una toma de decisiones más informada, tanto en el ámbito científico como empresarial del vino.

Genética y genómica, instrumentos clave en la adaptación de la viña a los rigores climáticos

En esta segunda línea de discusión, Christine Diepenbrock, Profesora Asociada de Ciencias Vegetales, UC Davis, expuso que “La inteligencia artificial (IA) y la genómica impulsada por IA ofrecen un conjunto complementario de oportunidades para el mejoramiento genético de plantas de próxima generación. Cada vez podemos descubrir más relaciones entre los datos multiómicos y las mediciones de rasgos, tanto clásicas como novedosas, para comprender la productividad y la calidad (y los factores que subyacen al rendimiento diferencial de estos rasgos) en distintos genotipos, entornos y escenarios”, así como predecir la calidad nutricional y la tolerancia al estrés, con el fin de optimizar la mejora genética.

En la misma dirección, otras intervenciones del simposio pusieron de manifiesto cómo la IA está transformando la forma de abordar el mejoramiento de portainjertos, integrando datos genómicos, fenotípicos y ambientales de alta dimensión para acelerar el desarrollo de germoplasma superior y más diverso.

Aparición de modelos de base específicos

Destacar, por último, la presentación en el simposio de modelos de base (o modelos fundacionales), sistemas de inteligencia artificial de gran potencial que permiten aprender con enormes volúmenes de datos diversos y no etiquetados que sirven para resolver una amplia variedad de tareas especializadas y sus aplicaciones agronómicas y, por supuesto, vitivinícolas.

Desde la perspectiva privilegiada que proporciona Vine to Mind, no hay duda de que la IA está transformado el vino. Y es bueno que así sea porque lo que la IA está transformando profundamente es el mundo, y las actividades que resulten resilientes a esa transformación se verán reducidas a la irrelevancia. *

Como dijo Ben T. Smith vicepresidente de la consultora A.T. Kearney en la clausura del simposio, La IA es la revolución más importante de la humanidad, más que la del ferrocarril, la industrialización, y que la de internet. Y es una carrera asimétrica, en la que no todos los actores están en la misma línea de salida ni con igualdad de oportunidades. Por lo que es más que probable que haya ganadores y perdedores, “y solo los que ganen la carrera, ganarán el futuro”.

 

* Transformación no significa desvirtuación. El factor humano del vino siempre ha corrido paralelo a su evolución. Y en el caso de la IA será especialmente cierto, porque, tal como argumentó Xiao-li Meng, profesor de Harvard, jefe de redacción de HDSR y organizador de Vine to Mind «el vino es extremadamente difícil de estudiar desde un punto de vista científico porque hay una enorme cantidad de variables». Y añadió: «Hacer vino implica ciencia, tecnología, arte, historia y cultura». Que es como afirmar que hay pocas realidades tan profundamente humanas como el vino, a la que la ciencia de datos sin duda puede aportar una nueva e inesperada dimensión.