El pasado día 7 de enero se publicó la Guia Nutricional para los Estadounidenses, un documento que se publica cada cinco años (tendrá validez hasta 2030) y que contiene amplias recomendaciones nutricionales, alguna de las cuales, sobre la ingesta de bebidas alcohólicas, todo ello basado en “la mejor ciencia disponible”.

El mismo día de la publicación de la Guía vio la luz un informe que pone de manifiesto hasta qué punto la ciencia, que no es la enológica precisamente, puede utilizarse para reprobar las bebidas alcohólicas, entre ellas el vino.

El informe tiene por título “Un estudio plagado de sesgos: Cómo el Estudio sobre Consumo de Alcohol y Salud de la Administración Biden intentó socavar las Guías Alimentarias para estadounidenses 2025-2030” y lo firma “la Mayoría del Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes” del Congreso de los EUA. El informe describe los esfuerzos realizados por la Administración anterior para impulsar una agenda anti alcohol mediante la redacción de un informe paralelo al de las Academias Nacionales de Ciencia, Ingeniería y Medicina por parte de un grupo de estudio cuyos seis miembros eran afiliados a movimientos anti alcohol de EUA e internacionales, algunos de los cuales habían realizado investigaciones, sospechosas de apriorismo, relacionando el consumo de alcohol con efectos negativos para la salud. Es la mala ciencia del vino.

El informe no llegó a ver la luz y no influyó en la redacción de la Guía 2025-2030, que presenta novedades: por lo que respecta al consumo de alcohol desaparece la recomendación cuantitativa de ingesta (las “famosas” unidades/copas de alcohol) y en su lugar incorpora un texto más de acuerdo con “la mejor ciencia disponible”, literalmente:

“Consuma menos alcohol para una mejor salud general. Entre las personas que deberían evitar el alcohol por completo se encuentran las mujeres embarazadas, quienes se están recuperando de un trastorno por consumo de alcohol o no pueden controlar la cantidad de sodio que consumen, y quienes toman medicamentos o tienen afecciones médicas que pueden interactuar con el alcohol. Si tiene antecedentes familiares de alcoholismo, tenga cuidado con el consumo de alcohol y las conductas adictivas asociadas.”

No cabe duda de que las ciencias médicas seguirán investigando sobre la repercusión del alcohol en la salud, y que algunas de sus investigaciones originarán resultados contradictorios, fruto de la complejidad del sujeto de estudio. Pero la ciencia enológica no debería “esperar y ver”, sino generar más evidencia científica que sumar a la existente sobre la evolución de las moléculas del vino al interactuar con las de los alimentos y con el microbioma humano, el porqué es beneficioso (y no solo para salud) el consumo responsable. Y hacerlo no como una ciencia acomodaticia, sino como una disciplina disruptiva, capaz de implicarse con los instrumentos científicos y tecnológicos más avanzados para modelar el futuro del vino, en toda su amplitud.

(Publicado en enero en el Grupo de Acenología “profesionales de la enología”, de LinkedIn)